Opinión

Papá nos trajo un coche

Antes que se vaya el año que dará paso a una nueva década no quisiera dejar pasar un recuerdo que ayer volvió a surgir en la memoria al ver la exposición en la plaza Nelson Mandela de los coches de época.

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Antes que se vaya el año que dará paso a una nueva década no quisiera dejar pasar un recuerdo que ayer volvió a surgir en la memoria al ver la exposición en la plaza Nelson Mandela de los coches de época.

Siempre traía un artículo por el día del padre y el mío hace veinte años que se marchó al cielo y esta historia que traigo se la pude contar una mañana en vida.

Cuando fuimos a vivir al Polígono mi padre se dio cuenta que ya el transporte era otra cosa, ya que al vivir quince años en el centro donde lo tenía todo a la mano y al coger el autobús y verse hasta el cruce del Morro para bajar al Polígono para el pobre hablando de primeros de los ochenta donde las paradas estaban de aquella manera para él era toda una odisea.

Y se presentó en casa con el libro de la auto-escuela para decir que le hacía falta un coche, nosotros nos ilusionamos todos.

Como era un virtuoso de la escritura y con una memoria privilegiada se sacó el teórico a la primera pero con el práctico se le notaba que le faltaba esa soltura y manejo y los fines de semana tito Pepito lo llevaba a la explanada del muelle Alfau donde la fábrica de harina y lo orientaba en el aparcamiento, punto de embrague y bordillo.

Llegó el primer examen y cateado y llegó el segundo y otra vez suspenso y ahí llegó muy bajo de moral diciendo que aquello lo dejaba que no estaba para eso el.

Nosotros éramos pequeños y apenas adolescentes los mayores y como ya jugaba en campos más grandes de barriadas y hacía escritos de fútbol ya pensaba en la buena suerte o en cosas supersticiosas.

Cuando llegaba el viernes me puse a hacer mis cuentas y mis cálculos, los partidos de fútbol de aquellos viernes me di cuenta que marcaba goles pero llegaba a casa y mi padre suspendía.

Al tercer viernes hablé con mis compañeros y les dije que jugaría más retrasado vamos que me puse en la defensa, no quería de delantero y ni me asomaba en el ataque porque si mojaba pasaba algo y esperé a que pasaran los minutos.

En aquellos tiempos como no había ni móvil ni redes sociales ni internet había que esperar a llegar a casa para esperar con ansia cualquier noticia y nuestro papá había aprobado.

Aquellas navidades papá nos trajo un coche con su letra L de novato, con su radio-casete y ya empezamos a grabar las canciones de nuestra juventud para escucharlas mientras nos daba un paseo.

Y con su prudencia y respeto porque al principio al pobre aquello le superaba nos dio los paseos por Benzú, Monte Hacho y García Aldave y aprendimos con él a revisar el agua, el aceite y el estado de las bujías.

Y fue una mañana ya siendo padre y mi papá siendo abuelo tenía a una de mis hijas en brazo y le dije papá tengo que contarte una historia de hace unos años y escuchando aquel viernes del colegio donde no quise marcar para dar buena suerte el se quedó emocionado y me dijo : ¡ así que no metiste goles ¡…

Y ayer en la plaza Nelson Mandela había un Seat 127 de color blanco impecable, el nuestro era azul y como el cielo que nos miras querido papá aquel coche nos tuvo tan unidos.

Y veinte años después recordamos tu ausencia paseando cada día por la Ceuta de tu alma suspirando por cada rincón de esta tierra la que te acogió siendo un jovencito y a lágrima viva que feliz nos hiciste y lo bueno que eras.

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