Opinión

El pesebre

Tenemos el gravísimo problema social de desempleo, que alcanzara cifras dramáticas al final del encierro con una gran población dependiendo del paro y sin muchas posibilidades de futuro

Estamos alegrándonos  de la legalidad que la concesión que el estado de alarma está dando a nuestro gobierno para superar la pandemia y no nos damos cuenta de que al tiempo está poniendo toda la maquinaria del estado a alterar la democracia. De esta forma mezclando la lucha contra el coronavirus y sus ambiciones ideológicas están limitando nuestra libertad democrática. Porque, mientras los ciudadanos estamos encerrados, surgen decisiones que afectándonos a todos, solo se complacen con el aplauso de sus correligionarios. Con todo ello, es posible que superada la pandemia, nos encontraremos con casas vacías llenas de techos entristecidos y sujetos a las duras y silenciosas leyes de rebaño, comiendo en pesebres públicos y acostumbrados a expulsar a las gentes que intenten abrir sus bocas. Con estas decisiones, sin darnos cuenta, nos adocenan cada día más.

Empecemos por el largo encierro al que estamos sometidos, que si por una parte es necesario para contener el contagio masivo, por otra parte nos hace cada día que pasa más débiles y timoratos. Solo nos atrevemos en la distancia y través de los medios tecnológicos que en la soledad utilizamos todos los días. Esto ya lo decían los griegos y romanos, quienes crearon las ágoras o plazas públicas para que la gente saliese de su casa y se relacionasen unos con otros. Seguros de que la permanencia en los domicilio hacia a los ciudadanos más cobardes. Esto es en cierto aspecto lo que esa pasando. Y sino analicen como cada vez que salimos a la calle por algo necesario, miramos con absoluta desconfianza y cierto miedo a todos aquellos embozados con los que nos cruzamos. Luego… nos estamos acobardando.

Luego tenemos, el gravísimo problema social de desempleo, que alcanzara cifras dramáticas al final del encierro con una gran población dependiendo del paro y sin muchas posibilidades de futuro. Aquí, nos encontramos con una solución… ¿Política desinteresada?: “El Salario Mínimo Vital”. La idea en principio se vende como miel para los labios de los desempleados, pero en el fondo, aun aceptando la idea de su necesidad temporal, producirá que millones de personas se conformaran con ello y solo procuraran mantenerlo al precio que sea, defendiendo a quien se lo ha dado. Este precio pasa por un abrumador clientelismo político y necesario para el partido en el poder, que procurara mantener esta circunstancia todo el tiempo que pueda. En fin, que estaremos como las gallinas, que teniendo alas seremos tan sumisas como ellas, negándonos a volar por el puñado de grano para comer que nos dan. Y un país que vive de la beneficencia es una sociedad débil que  no se revelara contra nada ni nadie que pueda limitarla. Esto ya está pasando en Venezuela y Cuba, por ejemplo, donde salvo el gobierno, todos los demás son irrelevantes y prescindibles que comen de su mano.

Por otra parte se está silenciando a la oposición en el congreso cerrándolo y mientras, aprovechando su situación de superioridad empiezan a controlar por Decreto, los grandes poderes del estado. Sino que expliquen la necesidad introducir a Pablo Iglesias en el CNI español, lugar donde se gestiona todo el aparato de Defensa y de las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del estado o la solución habitacional publicada en el BOE de 11/abril/2020 (apartado 3 del art. 4), donde se pierde el derecho a la propiedad privada de la vivienda. Con esto ya tienen en su poder la fuerza de imponer y la necesidad vital de supervivencia de las gallinas del corral estatal donde estaremos todos encerrados. Y no sé si se han percatado alguna vez…Si se abren las puertas el corral, vemos como todos los animales encerrados se acercan a las puertas pero casi ninguno se atreve a salir por miedo a que si salen fuera no puedan seguir comiendo de forma gratuita y fácil en su pesebre.

Este puede ser nuestro futuro si no se toman medidas antes que lo impidan. Aquí recuerdo a la pobre Casandra, que teniendo el don de la premonición, también tenía la maldición de que nadie la creería. Bueno “a fuer de ser sinceros”, esto ya le pasa a nuestro gobierno social comunista – cada vez más comunista-, aunque a estos aparte de no creernos nada de lo que dicen, ni aciertan ni tampoco nos auguran ningún futuro agradable. Así que sea lo que Dios quiera y que nos coja confesados, pero olvidémonos de como vivíamos antes de todo esto. Y esperemos que no nos acostumbremos a comer como las gallinas en el pesebre servido que nos están preparando.

 

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