Opinión

La sonrisa de la hiena

Bien…! Ya se ha conocido la sentencia y los independentistas no la acatan. ¡A freír monas la ley! ¡No les interesa, ellos son demócratas! Porque ahora es el momento de actuar para defender su caduco romanticismo medieval de independencia.

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Bien…! Ya se ha conocido la sentencia y los independentistas no la acatan. ¡A freír monas la ley! ¡No les interesa, ellos son demócratas! Porque ahora es el momento de actuar para defender su caduco romanticismo medieval de independencia. Pero al tiempo, también es momento de grandes y sesudas reflexiones sobre qué es lo que va a pasar en la unidad territorial de la nación española. Porque no es cosa baladí lo que pueda pasar, ya que tenemos a un tal Ortuza que dice en su “Aberri Eguna” que no se sienten españoles ni por el forro a lo que se suman los sentenciados en el procés, cuando dicen seguiremos con nuestra idea democrática de hacer lo que nos plazca mal que les pese a la mayoría y a las leyes. ¡Gracias a Dios no son todos aunque se arroguen que representan a la mayoría!

Sobre ello, habría que analizar la información (como decía Julián Marías) recibida a través de nuestros medios de comunicación subvencionados, porque a través de ellos recibimos constantemente noticias de lo que está pasando sin que se nos permita reflexión sobre ello. Con ello nos crean un conocimiento generalizado de las situaciones que nos impide conocer la proporción de cada hecho dentro de la realidad total de la cosas, y muchas veces estas imágenes tiene unas proporciones mínimas de la realidad. Pero ellos, con expresiones vagas, hacen que lo que es válido para unos pocos, se extienda a la mayoría. Es una combinación de demagogia y abuso de la comunicación interesada. Esto lo estamos viendo en Cataluña, donde unos pocos de miles, se muestran como la gran mayoría, que ni están ni participan de sus ideas.

Y sin darnos tiempo a reflexionar empezamos a escuchar conceptos no solo equívocos, sino multívocos, que expresados por algunos parecen ciertos. De esta manera escuchamos el pacifismo que significa la desobediencia masiva, basada en la no violencia activa… ¡Desobediencia activa dicen...!.No lo entiendo, pero bueno lo dicen y basta. Yo hasta aquí solo conocía la Comisión por omisión , que se cita en el derecho penal, cuando se explicaba que consistía, por ejemplo, en no dar alimento al niño buscando su muerte, pero la no violencia activa social, sigo sin comprenderla. Menos mal que están nuestros políticos para interpretarla y explicárnosla. Porque la profanación de las palabras está siendo uno de los recursos habituales de nuestros políticos, ya que con ellas llaman realidades a algo cuando lo que quieren imponer son sus propias realidades. ¿Sera la post verdad tan utilizada últimamente?

Conforme a esta dicotomía de intenciones y palabras, oímos que un tal Torra (presidente de la generalidad) dice a los CDR, ¡Apretad…apretad y seguir con las algaradas callejeras! Mientras que al tiempo dice a sus Mossos de escuadra que los repriman y… van los pobres y lo hacen, evitando que causen más daños de los que la no violencia activa causa constantemente a la sociedad. Sera otra forma de sonreír de forma pacífica como las hienas cuando sonríen pacíficamente una vez descuartizado en cadáver cazado violentamente. Pero, mal que les pese, unos cuantos miles de ciudadanos no representan a los millones que conforman sus territorios.

 Mientras, después de la sentencia, los presos mantienen su intención de seguir en la línea de agitar la masa por el medio que sea para conseguir su independencia. Luego la reinserción constitucional del artículo 25 de la constitución, se queda en nada. ¡También me gustaría que nuestros políticos me lo explicaran para que disfruten de las ventajas penitenciarias que sin duda tendrán! Y sobre todo que me explicaran que interés existe para la sociedad catalana esa política feudalizada de separarse de los demás de forma insolidaria. ¿Sera una mera política partidista más?

En fin…que en esta lucha identitaria entre unos y otros, como dice el refranero castellano… ¡Ni papa se muere, ni nosotros cenamos! Y todo esto mientras los demás españoles solo esperamos que al menos en estas regiones algunos nos reconozcan figura humana, ya que hablar mal de España está de moda entre los propios españoles, donde llevar una bandera de la nación, se considera una provocación (a los reportajes televisivos subvencionados me remito).

Concluyendo y en nombre del sentido común, sin duda no tienen razón pero eso no sirve de nada para ellos.  Por ello podemos argumentar con lógica aplastante lo que nos dé la gana, pero nadie puede convencer a quien no quiere ser convencido y esto es lo que sienten nuestros aldeanos independistas. Porque el atroz “particularismo” de región, partido o ideología siempre ha fragmentado la sociedad haciéndola manipulable a cualquier recién llegado.

Y como dice la canción de Serrat… ¡Y el tren seguía pitando… pitando! Y mientras nosotros seguimos disfrutando de la pacifica sonrisa de la hiena, que es otra post verdad como la copa de un pino.

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