En fin, hay días que saben a domingo, llenos de paz y bien. Y así ha sido, para mí, este sábado, día 28 de febrero de 2025, cuando un querido amigo ha ganado otra vez la carrera de la Cuna de la Legión. Y, además, ha batido el récord en 20 km, con un tiempo de una hora y 10 minutos.
Porque las cosas son como son, y siempre es un regalo ver a alguien estimado ganar un merecido galardón después de tanto esfuerzo, como el que Mohamed Abdeselam ha invertido en su ansia de ser campeón.
Porque así ha sido, y este día ha vuelto a ganar merecidamente la carrera para la que tanto se había preparado. Es, por tanto, hora de felicitarle y reconocerle tanto esfuerzo. Porque, seguro, en sus carreras, el silencio de sus pensamientos le golpea sin cesar, acompañándole en sus reflexiones, mientras le explica muchas cosas que, sin ese silencio, nunca hubiera comprendido.
Y, de esta forma, hoy, de nuevo, la luz del sol le ha alumbrado en su nuevo triunfo, sobre seis mil competidores, diciéndole que, luchando contra el destino, siempre consigue hacerse el mejor.
Y así, aunque el camino es estrecho, al cielo de los campeones solo entran los mejores, para competir en esas carreras de los carros de fuego que, por el cielo, se celebran todos los días. Porque allí, seguro, seguro, que siguen con interés y alegría sus carreras y le reconocen como uno de esos campeones que la Tierra, de vez en cuando, concibe para ellos.
El tiempo, sin duda, como a todos, dejará que los inviernos pasen por encima, mermando sus facultades. Pero nunca, ni el tiempo ni nadie, podrá robarle una vida llena de éxitos en el deporte de las carreras, tan bien trabajadas y pobladas de sudor personal. Porque nunca nada se levanta de la nada, sin el esfuerzo del callado trabajo y el sudor de una preparación bien labrada.
Pero, por ahora, el que quiera ganarle tendrá que hacerlo mucho mejor para merecerlo.
Nosotros, por nuestra parte, solo nos conformamos con decirle otra vez...
¡Enhorabuena, campeón!