Opinión

El monstruo que hemos gestado

El otro día hablando con mi hijo de 23 años, me sorprendí con sus conclusiones. Porque, con convicción, me dijo que tal como está la sociedad se decantaba a votar por el partido Podemos, aun a sabiendas de que no es una buena opción. Luego, ante mi sorpresa, intenté explicarle las desventajas que dicha decisión de voto podría tener, no sólo en nuestra forma de estabilidad, sino en la de su generación. Su respuesta fue firme y segura. ¿Qué otra opción de futuro me presenta la actual política social de los grandes partidos?

El otro día hablando con mi hijo de 23 años, me sorprendí con sus conclusiones. Porque, con convicción, me dijo que tal como está la sociedad se decantaba a votar por el partido Podemos, aun a sabiendas de que no es una buena opción. Luego, ante mi sorpresa, intenté explicarle las desventajas que dicha decisión de voto podría tener, no sólo en nuestra forma de estabilidad, sino en la de su generación. Su respuesta fue firme y segura. ¿Qué otra opción de futuro me presenta la actual política social de los grandes partidos?

Luego argumentó sus razones. Mi hijo no es ni un ni-ni (es decir, de los que no estudian ni trabajan) ni alguien sin reflexión en sus conclusiones. Es un joven preparado, universitario, con título de Formación Profesional superior en mantenimiento de redes, habla inglés como segunda lengua materna, tiene conocimientos profundos del idioma alemán y del francés. En conclusión, es un joven preparado tanto intelectualmente como profesionalmente. ¡Y se encuentra en el paro, sin más ayuda que la que yo le puedo dar!

En  mi ingenuidad intenté convencerle de la falsedad de las promesa de dicho grupo político. Dicen buscar el bienestar de todos a base de quitar y repartir entre todos. Pero no dicen cómo lo van a hacer y el deterioro de bienestar que dichas promesas causan a todos, incluso a los que creen en esas quimeras. Y él estaba de acuerdo en los peligros, pero no cambió de decisión. Simplemente me dijo: ¿qué otra cosa me ofrece el mundo que me habéis dado? Y siguió exponiendo sus convicciones…

¡Mira papá, no encuentro trabajo a pesar de buscarlo denodadamente! ¡La única esperanza que tengo es marcharme de España a otro país a buscar fortuna de futuro! ¡En mi país, España, no me ofrecen nada! ¡Lo único que veo son trabajos de explotación por sueldos de pobreza y ocupación horaria exhaustiva! ¡Sueldos que no me sirven ni para subsistir tan siquiera! ¿Cómo puedo pensar en formar una familia y vivir dignamente? ¡Imposible en las circunstancias actuales! ¡Luego cualquier cambio aunque sea a peor no va a ser tan malo como el que tengo!

Luego analicé mi situación personal. Ya con más de 60 años, un sueldo estable desde los 18 años, una familia que pude crear y mantener dignamente durante toda mi vida. Y, lógicamente, un cierto miedo a la inestabilidad de mi forma de vida que dicha revolución podemista y chavista me va a causar de una u otra manera a mí y a él de rebote, ya que a lo mejor no podría ayudarle. Pero los argumentos de mi hijo eran irrebatibles. ¡Él miraba su futuro y yo mi cómodo ocaso! ¡Son dos sociedades en absoluta contradicción!

Después reflexioné sobre qué causas nos han llevado a estas decisiones. Y consideré que, entre otras, las nuevas tecnologías. ¡Sí, ésas que parece que nos hacen la vida más eficaz y utilitaria! Solo eran buenas para los grandes capitales y empresarios. Básteme señalar un pequeño ejemplo. ¡Los cajeros de los bancos! 24 horas trabajando, sin bajas, vacaciones ni enfermedades y sin pagar seguridad social. 4 o 5 empleos por cada cajero eliminados, y un solo empleado de mantenimiento para todos ellos. Y como éste, podría poner mil ejemplos en cualquier fábrica o empresa donde la máquina sustituye a los hombres y mujeres que hasta ahora mantenían su producción. Y ante ello, cada vez es más palpable que hay que regular algo que nos permita mantener las ayudas sociales a ésta cada vez más ingente muchedumbre de desempleados. ¡Porque además no son inmigrantes ilegales, a quienes se les ayuda mucho más! ¡Son nuestros hijos y vecinos!

Y desde entonces sigo pensando: ¿Mi hijo tiene razón? Peor no puede estar, luego, ¿la revolución es su única salida? Aunque muchos perdamos o pierdan. ¡Algo hay que hacer y no sé qué! Pero lo que sí asumí personalmente es que, desde luego, no podemos seguir manteniendo un sistema que solo nos produce austeridad y fracaso juvenil (por cierto, no a todos) y pérdida de futuro para nuestros jóvenes.

Consecuentemente, los de mi edad debemos enfrentarnos a esta decisión. Hemos creado una sociedad hedonista que dilapidó lo que nuestros mayores nos dieron y hemos hipotecado la vida de nuestros jóvenes, solo por un irreflexivo sentido de felicidad consumista y sin pensar en el futuro de ellos. Sin sentido gentilicio. ¡Solo el nuestro nos importaba! Con ello, creamos un capitalismo feroz sin control que ha empobrecido el futuro de nuestros jóvenes. Asumamos por tanto las posibles consecuencias que el monstruo que hemos creado nos va a deparar. Si no  somos inteligentes y cambiamos de forma de actuar políticamente. Y no nos extrañemos que nuestros jóvenes vean como una salida las ideas revolucionarias y caóticas de Podemos que nosotros mismos hemos creado. ¡Yo, en su lugar, también lo haría!

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