¡Oigan! Increíble, sorprendente y, además, seguro. Seguro que nunca sucedió así. Pues no va, una noche cualquiera en este año de la epifanía de Franco, cuando me fui a la cama y rápidamente me dormí, que empecé a soñar que soñaba con Casandra. ¡Sí, esa tipeja que sale en la Ilíada de Homero! Bueno, ustedes saben que Casandra no era famosa por ser una muchacha sacerdotisa de Apolo, sino por lo que significaba en la historia griega. Y si no lo saben, les voy a contar su historia.
Pues bien, a esta moza sacerdotisa del dios Apolo, por cierto, quizás de muy, muy buen ver, porque el tal Apolo se encaprichó de ella y le pidió relaciones de coyunta, a lo que ella, práctica como siempre, le dijo que muy bien, siempre que le concediera un poder. Apolo no se lo pensó dos veces y le dio el poder de la premonición, es decir, que podía ver el futuro. Mas, una vez concedido el poder, le pidió el tiquismiquis tan deseado por él, y ella va y le dice entonces que de chiki-chiki, ya nada de nada. Y nadie sabe por qué, pero parece que Apolo se cabreó bastante y la maldijo, entre otras cosas (no me atrevo a decir los improperios que también pudo decir, nada bonitos), diciéndole que sí, que tendría ese poder, pero que nadie la haría caso. ¡Chúpate esa! Vamos, que le dio un poder que no le serviría para nada, solo para enredar. Y así quedó la cosa entre ellos dos. Luego se armó la de Troya... pero ese es otro cuento.
Pues bien, ella, en el sueño que soñaba que soñé, me dijo muchas cosas sobre las promesas de nuestro presidente y su futuro resultado. Y por ello, cada vez que oigo a mis políticos, me acuerdo de lo que me dijo Casandra en mi soñado sueño, cuando escucho las cosas que nos cuentan. Ya que nada de sus palabras nadie se las cree tampoco y, además, por si acaso, rápidamente cambian de opinión. Pero siguen gobernando a todos, prescindiendo del Congreso, mediante decretos leyes y BOE, que dan pábulo a todas sus ambiciones personales. Y también veo a la oposición, ya convertida en la ya blanda izquierda azul (aquí hay que decir que no todos los partidos de la oposición) que nunca se oponen claramente a sus despóticos deseos (se ve que todos solo buscan mantener su cómodo estatus económico).
Y con esto recuerdo la anécdota que leí hace tiempo en su libro sobre la política de Aristóteles (libro tercero: Del estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado). Contaba cómo en la asamblea democrática de los herbívoros (léase ahora, ciudadanos) dieron un decreto en la selva prohibiendo comer carne, y ante ello, los leones (léase ahora, políticos) respondieron al decreto dado sobre la igualdad general de los animales que: “Sería preciso, dijeron los leones, que pudierais sostener semejante pretensión con uñas y dientes como los que nosotros tenemos” (Antístenes). Pues eso mismo me parece que le pasa a la timorata oposición azul actual, que carece de garras y dientes, por lo que no tiene posibilidades de enfrentarse a los poderes del Estado, que los políticos han colonizado y sometido chavistamente.
Y así estaban las cosas en mi sueño, y después pensé en la corrupción actual que la prensa subvencionada del régimen intenta ocultar cuando trata de disimular los desmanes de la manada de borregos en la que se han convertido nuestros políticos. Me van a perdonar, pero yo sigo pensando, mal que les pese, que vivir con dignidad es necesario y que no nos merecemos estos políticos. Además, todos sabemos que las personas, cuando salimos de nuestra especialización y entramos en la política, podemos ser tan tontos como cualquiera.
Al tiempo, también recordé una columna de Jaime Campmany en el ABC que contaba... Bueno, hace mucho tiempo leí este relato, que yo aprovecho y cambio un poco. Y así empezaba su columna: “¡No hagan olas!” fue lo que escucharon Dante y Virgilio nada más pasar el río venenoso Estigia después de pagar su precio al barquero Caronte. Por ello, y sorprendidos por dicho lastimero sonido, dieron la vuelta a la pequeña montaña que les separaba del rumor. Una vez allí, vieron un enorme lago cuyas aguas estaban formadas por excrementos y en el cual los políticos condenados, junto a los adocenados periodistas subvencionados del régimen (esto es mío), se encontraban hundidos en él, y solo de puntillas podían sacar la comisura de sus labios sobre dicho mar de excrementos. Y estos susurraban en voz alta y al unísono apenas una sola frase: “¡Por favor, no hagan olas!”, que repetían sin cesar cada vez que continuamente llegaba un nuevo político o periodista del régimen a sumergirse en él. ¡Je, je, je! Qué buen anuncio de lo que es el verdadero infierno de los políticos actuales. Después de esta enseñanza, Dante y Virgilio siguieron con sus andanzas por todos conocidas.
Luego, me mostró la España del futuro, y en ella vi una nación desaparecida y cuyo recuerdo solo era un hecho histórico. Nada más. España había desaparecido como nación. Solo era un territorio sin capacidad de subsistencia propia, lleno de independientes aldeas tribales propias del medioevo, empobrecidas y con sus campos, antaño ricos en alimentos, en barbecho. Sus habitantes, convertidos simplemente en meros ganapanes hedonistas, adocenados y adoctrinados por un pensamiento único impuesto de arriba abajo, como buen ganado de asnos ibéricos, tan solo esperaban en sus pesebres de corral la entrega, por parte de sus políticos, de la canasta de alimentos (cartilla de racionamiento o CLAP, maleta alimentaria bolivariana), para lo que tenían que someterse fielmente a sus gobernantes si querían comer. ¡La barriga hambrienta y vacía es muy mala consejera para la libertad!
“Nada tendrás y serás feliz”, dice la Agenda 2030, impuesta por el globalismo de Davos, la agenda verde y el comunismo adocenado. Sobre ellos, yo siempre he considerado al comunismo como una ideología atea, apátrida y amoral, sin libertad de expresión (sin esta libertad, no hay democracia), sujeta a un materialismo económico sin más futuro, asumido por el disfuncional y burocrático poder político de la UE. Pero, bueno, estos ganapanes de la actual generación idiota (solo algunos se salvan) se agarraban a su feliz vida como los antiguos aldeanos conocidos como mujik en Rusia, consistente en comer, crecer y, a veces, reproducirse. Nada más. Y a mí me recuerdan a los nihilistas descritos en la novela de Dostoievski El idiota cuando habla de ciertos jóvenes carentes de valores. Porque así me imagino a nuestros adoctrinados jóvenes europeos en su despótico y hedonista mundo, ante la desaparición de su futuro.
¡Bien! Pues eso fue lo que me contó Casandra en el sueño que soñé que soñaba. Así que... ¡Vaya usted a saber! Luego rompí este raro sueño del gobierno de los idiotas y volví a soñar con este tiempo y la belleza de las cuatro fases de las lunas de marzo. Pero yo, por si acaso, tengo mis dudas de que esta premonición no sea verdad, porque recuerdo el poema de Machado cuando decía aquello de que en España, de diez cabezas, una piensa y nueve embisten. Por ello, ¡no sé, no sé! ¿Y si Casandra tiene razón?
Además, seamos sinceros: ¿qué partido defiende verdaderamente el proyecto de la unidad territorial como histórica nación de España y sus principios básicos de familia, libertad, propiedad, libre mercado e igualdad? Pero bueno, esto es posible porque, en el fondo, sin saberlo, a lo mejor soy un facha de la 'fachosfera' y tecno-facha sin remedio.