Opinión

Políticos sin amigos

Es algo normal. En política y, especialmente, los que la trabajan como profesión, pueden tener allegados, pueden tener aduladores, pero amigos-amigos no tienen nunca y lo que sí pretenden tener y tienen son competidores por el puesto: “quítate tú para ponerme yo”. Es el día a día y aunque hay veces que aparecen ciertos “fuegos artificiales” que le hacen ver al “baranda” de turno que sin él una institución no es nada, puede pasar el tiempo, él haberse marchado y todo sigue como estaba o de forma parecida.

Es algo normal. En política y, especialmente, los que la trabajan como profesión, pueden tener allegados, pueden tener aduladores, pero amigos-amigos no tienen nunca y lo que sí pretenden tener y tienen son competidores por el puesto: “quítate tú para ponerme yo”. Es el día a día y aunque hay veces que aparecen ciertos “fuegos artificiales” que le hacen ver al “baranda” de turno que sin él una institución no es nada, puede pasar el tiempo, él haberse marchado y todo sigue como estaba o de forma parecida.

El último ejemplo lo acabamos de tener en Ceuta, con la desaparición de Pedro Gordillo, el hombre que más poder ha tenido en Ceuta, especialmente en los años centrales de la democracia, y a quien, incluso, se le ha escatimado el último adiós por parte de muchos que, en repetidas ocasiones, estuvieron “a mesa y mantel” con él, sin entrar en el detalle de quién o quienes pagaron aquello.

Así es la política, así son los “¿profesionales?” de la política, venden, si es preciso, a todos sus allegados para ocupar, a codazos, a empujones, a base de pedir favores y cuando han logrado lo que se proponían “si te he visto no me acuerdo”.

Así ha terminado Pedro Gordillo, con unos cuantos, muy pocos, menos de los que yo creía, que estuvieron hasta el final con él, cuando todos sabemos que muchos de los que ahora no lo miraban, en tiempos pasados, se arrastraban, y de qué manera, ante el “todopoderoso” Gordillo para lograr lo que iban buscando.

Hace años que lo vengo repitiendo y hoy lo tengo que recalcar más, y eso que yo nunca fui ni amigo suyo, ni de la cuerda de Pedro Gordillo, pero muchos de los que sí lo fueron le han negado el último adiós, le han negado esa última oración por su eterno descanso. Tener gente de ésa alrededor no merece la pena, ésos no son amigos, son tragaldabas en busca de la sangre y de la carne, no se les puede tildar de otra manera, a quienes actúan así.

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