Hay lugares en el mundo donde la geografía obliga a la imaginación. Ceuta es uno de ellos. Ocho kilómetros cuadrados de territorio español en la costa norte de África, frontera entre dos continentes, entre dos culturas, entre dos mundos económicos radicalmente distintos. Durante décadas hemos tratado esa frontera como un problema. Ha llegado el momento de tratarla como una oportunidad.
La propuesta que aquí se plantea no es nueva en el mundo, aunque sería pionera en Europa: crear una Zona Económica Especial Binacional entre Ceuta y la región norte de Marruecos. Un mercado compartido que no toca la soberanía española, no transgrede la legislación europea y no exige a Marruecos renunciar a ninguna de sus posiciones históricas. Solo requiere algo más difícil que cualquier ley: voluntad política y visión de futuro.
Un marco legal que ya existe
Ceuta no está dentro del territorio aduanero de la Unión Europea ni en el espacio del IVA europeo. Esta condición, que muchos ven como una anomalía, es en realidad su mayor activo. Le otorga una flexibilidad fiscal y comercial única en toda Europa. Al mismo tiempo, la UE y Marruecos mantienen vigente el Acuerdo de Asociación Euromediterráneo, un marco de cooperación económica que podría ampliarse para incluir un régimen especial con Ceuta como nodo central.
No hablamos de construir nada desde cero. Hablamos de usar lo que ya existe de forma más inteligente. Un acuerdo bilateral España-Marruecos, ratificado por ambos parlamentos y notificado a Bruselas, bastaría para poner en marcha el proyecto. La Unión Europea, que lleva años buscando un modelo de integración con África que vaya más allá de la gestión de migraciones, lo recibiría con los brazos abiertos y probablemente lo financiaría.
Qué significaría en la práctica
El mercado binacional funcionaría dentro del perímetro de Ceuta. Las mercancías de la región norte de Marruecos, especialmente productos agrícolas, pesqueros y manufactureros locales, podrían comercializarse en Ceuta bajo condiciones arancelarias especiales. Los inversores marroquíes podrían establecer empresas en la ciudad sin las restricciones actuales. Una cámara de comercio binacional resolvería disputas y promovería negocios en ambas direcciones.
La libre circulación de trabajadores de la región de Tetuán y Nador, que existió de facto durante décadas y beneficiaba a ambos lados, se regularizaría y ampliaría. No como concesión política, sino como reconocimiento de una realidad económica que nadie puede ignorar: el norte de Marruecos y Ceuta son, en muchos sentidos, una sola región económica separada por un muro artificial.
Por qué beneficia a Ceuta
Los beneficios para la ciudad serían transformadores. Ceuta ha dependido históricamente de tres pilares frágiles: la administración pública, el comercio atípico con Marruecos y el turismo de compras. Los tres son vulnerables a decisiones políticas ajenas. Un mercado binacional regulado sustituiría el comercio informal, que genera economía sumergida y precariedad, por actividad económica formal, con empresas reales, empleos con derechos y recaudación fiscal.
La ciudad se convertiría en una plataforma logística entre Europa y África, atrayendo inversión que hoy no tiene motivos para instalarse allí. El puerto de Ceuta, actualmente infrautilizado, podría convertirse en un hub de referencia para el comercio entre ambos continentes. Las universidades y centros de formación de la ciudad tendrían una razón de ser regional, formando profesionales para un mercado que hoy no existe pero que podría crearse.
La diversidad cultural de Ceuta, con su convivencia histórica de comunidades española, musulmana, judía e hindú, dejaría de ser una curiosidad para convertirse en una ventaja competitiva real en un espacio económico euroafricano.