Opinión

Cuando la fuerza reemplaza al derecho: el peligroso precedente de nuestro tiempo

"El colapso silencioso del orden basado en reglas", artículo de opinión de José Antonio Carbonell Buzzian
sede de la oNU
photo_camera Sede de la ONU, Nueva York

Estamos siendo testigos de un momento histórico peligroso que pasa desapercibido para muchos: el progresivo abandono del derecho internacional como marco regulador de las relaciones entre Estados, reemplazado por la simple imposición de la fuerza. Lo que durante décadas se presentó como un “orden basado en reglas” se revela cada vez más como un sistema donde las reglas se aplican selectivamente según quien tenga el poder para ignorarlas.

No se trata de nostalgia por un pasado idealizado. El derecho internacional siempre ha sido imperfectofrecuentemente violado y desigualmente aplicado. Pero existía al menos un consenso nominal sobre su importancia, un estándar al que apelar, una referencia común. Ese consenso se está desintegrando ante nuestros ojos, y las consecuencias serán profundas.

La normalización de lo excepcional

Observemos lo que se ha normalizado en apenas dos décadas:

Invasiones sin autorización del Consejo de Seguridad: Irak en 2003 marcó un punto de inflexión. La coalición liderada por Estados Unidos invadió un Estado soberano sin mandato de las Naciones Unidas, basándose en afirmaciones falsas sobre armas de destrucción masiva. No hubo consecuencias significativas para los invasores. El precedente quedó establecido: una potencia suficientemente poderosa puede invadir otro país si así lo decide.

Sanciones económicas como arma de guerra: Venezuela, Irán, Siria, Corea del Norte, Rusia, y otros han sido sometidos a regímenes sancionadores que afectan a poblaciones enteras. Estas medidas, que antes se habrían considerado bloqueos económicos, ahora se presentan como herramientas diplomáticas legítimas, pese a su impacto humanitario devastador.

Congelación arbitraria de activos soberanos: En 2022, Estados Unidos y Europa congelaron aproximadamente 300.000 millones de dólares en reservas rusas. El precedente es explosivo: los activos de cualquier Estado pueden ser confiscados si sus políticas resultan inaceptables.

Asesinatos extraterritoriales mediante drones: Estados Unidos ha ejecutado a miles de personas fuera de zonas de guerra formal. Israel asesina regularmente a objetivos en terceros países. Estas acciones violan la soberanía territorial, pero se justifican bajo la “lucha antiterrorista”.

Ocupaciones indefinidas: Palestina, Sáhara Occidental, Chipre Norte, Georgia, Ucrania. En todos los casos existen resoluciones de la ONU que declaran estas situaciones ilegales. En ningún caso hay consecuencias efectivas.

El doble estándar como política

Lo más peligroso no es que se viole el derecho internacional —esto siempre ha ocurrido— sino la desaparición de cualquier pretensión de universalidad.

Cuando Rusia invade Ucrania, hay sanciones masivas. Cuando Arabia Saudita bombardea Yemen, hay ventas de armas. Cuando Israel devasta Gaza, recibe apoyo diplomático y militar. Cuando China reprime en Xinjiang, el comercio continúa.

Si las normas solo se aplican contra algunos, no son normas sino instrumentos de poder.

¿Por qué es esto tan peligroso?

La erosión del derecho internacional no es un debate académico. Tiene consecuencias concretas y aterradoras.

1. La espiral de la desconfianza
Tratados ignorados, activos confiscables, invasiones impunes. Resultado: fragmentación globalbloques enfrentados, menos resolución pacífica de conflictos.

2. La lógica de la fuerza como único recurso
Conduce a carreras armamentísticasproliferación nuclear y espirales de inseguridad.

3. El colapso de la cooperación internacional
Sin confianza ni respeto a los acuerdos, problemas como el cambio climático, las pandemias o la IA se vuelven insolubles.

4. El sufrimiento de las poblaciones
Sanciones, invasiones y bloqueos generan hambredestruccióndesempleo y desigualdad, mientras las élites se protegen.

Los casos que deberían alarmarnos

Venezuela: el estrangulamiento económico como norma.
Afganistán: el robo institucionalizado de reservas soberanas.
Gaza: la inmunidad selectiva frente a posibles crímenes de guerra.
Ucrania: la guerra como normalidad, con respuestas basadas en poder unilateral, no en derecho.

La pregunta fundamental: ¿Hacia dónde vamos?

Estamos en una encrucijada civilizacional:
– Un mundo regido por la ley del más fuerte, o
– Un orden basado en reglas aplicables a todos.

La primera opción conduce a un mundo más violento, fragmentado e inseguro. La segunda exige limitaciones reales al poderreforma institucional y mecanismos efectivos de cumplimiento.

¿Qué podemos hacer?

– Exigir consistencia a nuestros gobiernos.
– Rechazar la deshumanización del sufrimiento ajeno.
– Apoyar instituciones multilaterales.
– Cuestionar narrativas simplistas.

Conclusión: el momento de decidir

No vivimos en tiempos normales. El orden internacional está en peligro.
Si permitimos que la fuerza reemplace al derecho, las consecuencias serán terribles para todos.

La pregunta es simple pero urgente:
¿Queremos vivir en un mundo regido por el derecho o por la fuerza?

Cada día que aceptamos el doble estándar, estamos eligiendo.

Y estamos eligiendo la fuerza.

Aún estamos a tiempo de elegir de manera diferente.
Pero el tiempo se agota.