Opinión

Los animales atacan cuando tienen miedo

Los animales atacan cuando tienen miedo. Si apelamos a este instinto natural resulta mucho más entendible lo que ha ocurrido en el panorama mediático durante los dos últimos años. Desde que Podemos irrumpió en el escenario político, aquellos que se sintieron amenazados por su discurso no han escatimado a la hora de mentir, difamar, calumniar y promover el odio.

Los animales atacan cuando tienen miedo. Si apelamos a este instinto natural resulta mucho más entendible lo que ha ocurrido en el panorama mediático durante los dos últimos años. Desde que Podemos irrumpió en el escenario político, aquellos que se sintieron amenazados por su discurso no han escatimado a la hora de mentir, difamar, calumniar y promover el odio. La señora Esperanza Aguirre aseguró que “el caso Errejón” es un claro ejemplo de la corrupción más pura. Son de sobra conocidos los intentos de demonizar y manchar la imagen de quienes han denunciado la podredumbre de nuestro gobierno. Y es que cuando los privilegios de unos pocos peligran, el miedo se vuelve sumamente contagioso. El nerviosismo de unos cuantos se ha materializado en declaraciones escabrosas. Incluso hemos presenciado, atónitos, cómo el concejal del Partido Popular Jonathan Cabeza deseaba hace ya unos meses que le dieran un tiro en la nuca a Pablo Iglesias. Pero no es de extrañar: los animales cuando tienen miedo, atacan.

La reciente película “Sufragistas” de Sarah Gavron nos recuerda la gran lección que nos dieron las sufragistas inglesas el siglo pasado: la lucha por los derechos y la dignidad es una lucha difícil, pero no hay lucha más honrosa que la que lleva por estandarte la justicia.  La reflexión a la que invita este recomendable film resulta muy pertinente para estos días. Maud, una de estas activistas, harta de sufrir en sus carnes la discriminación, la marginación y el abuso, se enfrentó a la ley reclamando el derecho de voto para la mujer. Y como era de esperar, también comprobó que los animales cuando tienen miedo, atacan.

La situación que nos han dejado las pasadas elecciones generales del 20 de diciembre supone un punto de inflexión para la historia de nuestro país. El partido de Albert Rivera no ha soportado más la carga de la farsa y se ha desenmascarado a golpe de contradicción, asegurando primero que se abstendría para que gobernara el PP y proponiendo un pacto días después con el Partido Socialista y el propio Partido Popular. Ante la imposibilidad del Partido Popular de formar gobierno mediante pactos, el PSOE  debe intentarlo, y así lo han asegurado sus portavoces a la vez que rechazaban al PP, pero el estrepitoso fracaso que han cosechado en estas elecciones los deja en una situación muy delicada. Cualquier  movimiento puede convertirse en la decadencia absoluta del partido. Muchos dudamos de las palabras de Pedro Sánchez, pues la honestidad de su partido ha sido numerosas veces puesta en tela de juicio, y veremos si no acaba permitiendo que gobierne de nuevo Mariano Rajoy. En cuanto al Partido Popular ya nadie duda, ni siquiera sus votantes, de que la honestidad no está entre las palabras que definen al partido, y por tanto cabe esperar cualquier cosa. Lo que está claro es que ninguna de las dos fuerzas políticas quiere nuevas elecciones.

Pase lo que pase, ha quedado patente en el resultado de las urnas que los españoles ya no estamos dispuestos a consentir el obsoleto bipartidismo ni la mayoría absoluta de partidos corrompidos. La gente está confundida, pero sabe que algo no va bien y que debe cambiar.

Es habitual escuchar estos días en los medios de comunicación los adjetivos “radicales” y “extremistas” cuando se habla de Podemos. El eslogan del momento es “unámonos contra los que quieren romper España”. Rajoy se ha convertido en un héroe de la Ley, defendiendo a capa y espada nuestra Constitución y afirmando que debe obedecerse por encima de todas las cosas. Cuando el anterior rey Juan Carlos I abdicó y muchos españoles pedimos referéndum, el discurso fue el mismo. Sin embargo a Rajoy no le tembló el pulso cuando, junto al PSOE, reformó en 2011 el artículo 135 de nuestra sagrada Constitución para venderle España a Europa. Que no nos engañen. Estas elecciones han sido el inicio de un cambio. Muchos ciudadanos hemos vivido el 20D con ilusión, y eso se lo debemos a la gente, y también a Podemos.

La lucha por la dignidad es una lucha difícil, pero juntos podemos echar del poder a los que no nos representan. Pueden discutirse muchas cosas de las que están ocurriendo actualmente en el panorama político de nuestro país, pero lo que es indiscutible es que España está cambiando, y aunque éste sea un cambio lento, ya es mucho.

El cambio no es fácil, y Sarah Gavron nos lo recuerda con su obra. Vendrán días duros, volveremos a ser víctimas de los ataques de unos pocos, volveremos a ver cómo el miedo se propaga, pero ya hemos conquistado una cosa muy importante: la esperanza. El miedo de los que quieren seguir viviendo a costa de nuestro esfuerzo quizás sea un buen indicador de que estamos haciendo las cosas bien. El pueblo español ya ha ganado algo, pero queda aún mucho camino por recorrer, y aunque a lo largo del camino quieran confundirnos como de costumbre, no olviden la lección de las sufragistas: los animales atacan cuando tienen miedo, y si la lucha por la justicia causa miedo, no necesitamos más razones para concluir que los que se ponen nerviosos, o pertenecen a los muchos que están confundidos y engañados, o pertenecen a los pocos que disfrutan de injustos privilegios.

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