Opinión

Los animales no son juguetes, aunque te sirvan para la foto en Instagram

Comprar un perro porque "es bonito" o regalar un cachorro por Navidad suena genial, hasta que crece, muerde tus zapatos o te corta las vacaciones. Detrás de esas decisiones impulsivas hay mucho más de lo que imaginas: explotación, abandonos y fábricas de perros. ¿No es hora de empezar a pensarlo dos veces?

Perros protectora

Parece que el hábito de comprar mascotas sigue vigente, a pesar de que, afortunadamente, muchas personas ya entienden que los animales, como seres vivos, no deberían ser tratados como mercancías. Sin embargo, hay quienes aún no han asimilado esta idea, y hoy quiero hablar de ello.

Hace unos días, mientras navegaba por Facebook —sí, perdiendo el tiempo en redes sociales, lo que daría para otro artículo— me topé con una publicación que me dejó perpleja. Un usuario compartió la foto de un precioso cachorro de raza y preguntaba dónde podía comprar uno, mencionando incluso la cantidad de dinero que estaba dispuesto a pagar. Mi primera reacción fue de incredulidad: ¿en serio? Ni un atisbo de vergüenza.

Es evidente que todavía queda una parte de la sociedad que no entiende el daño que perpetúa comprando animales. Algunos argumentan que prefieren "cachorros de raza" porque "necesitan una familia" y, dado que hay personas que los venden, aprovechan la oportunidad. Pero precisamente porque seguimos comprándolos, la cría ilegal no se detiene. Es un círculo vicioso que continuará hasta que decidamos frenarlo por completo.

Para entender las implicaciones de esta práctica, es importante hablar de lo que ocurre en la cría ilegal de animales. Muchos de los adorables cachorros que se venden en el mercado provienen de países del Este de Europa, donde nacen en auténticas "fábricas de perros". Estos lugares no tienen nada que ver con la crianza responsable; aquí los animales son tratados como productos cuya única finalidad es generar beneficios económicos.

En estas fábricas, los cachorros son separados de sus madres a edades prematuras, y las condiciones en las que viven los animales adultos son deplorables. Las madres, agotadas físicamente tras parir una y otra vez, nunca conocen una vida digna. Si los bulldogs franceses o los golden retrievers están de moda, los criadores responden con una producción masiva para satisfacer la demanda, ignorando por completo el bienestar de los animales.

Así que, la próxima vez que veas a alguien preguntando por la compra de un perro en redes sociales, reflexiona sobre la implicación de sus acciones. Es más, no tengas miedo de señalarlo: queda mal, muy mal.

Con la llegada de la Navidad, este tema se vuelve aún más relevante. Cada año, muchas familias deciden regalar cachorros como si fueran juguetes. Los niños han insistido durante meses en querer un perro, y parece el momento perfecto para cumplirles el deseo. A los padres incluso les hace ilusión la idea: una foto con el cachorro bajo el árbol, lista para subir a las redes.

El problema surge cuando la novedad del cachorro desaparece. El perrito empieza a crecer, a hacer sus necesidades dentro de la casa, a morder zapatos y cojines. Y entonces llega el día en que llevarlo al parque un domingo frío y lluvioso deja de parecer tan encantador. Más adelante, durante Semana Santa, las vacaciones se convierten en un dilema: “¿Qué hacemos con el perro? No podemos llevarlo. Mejor lo dejamos en una protectora, estará mejor allí”. 

Pero el perro no estará mejor. Lo que estará es confuso, desolado. Ese animal, que te veía como su familia, no entenderá por qué lo abandonas.

Regalar un animal no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Adoptar una mascota significa asumir una responsabilidad para toda la vida del animal. Implica dedicar tiempo, dinero y esfuerzo para garantizar su bienestar. Ellos no son un capricho, ni una moda, ni un accesorio. Son seres vivos que dependen completamente de nosotros.

Antes de decidir regalar un perro o un gato por Navidad, reflexiona. Si no estás dispuesto a cuidar de él como merece, no lo hagas. Recuerda que los animales no son un regalo temporal; son un miembro más de la familia. 

Piensa bien antes de actuar. Porque los animales no se compran, y mucho menos se abandonan.