Opinión

No pedimos privilegios, solo respeto: el día a día del periodismo en nuestra ciudad

"La falta de consideración de autoridades, organizadores y sindicatos hacia nuestra labor diaria nos recuerda que aún queda mucho por hacer para que nuestro trabajo sea valorado y respetado como merece"

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Como periodista en esta ciudad pequeña y acogedora, donde todos nos conocemos y nos ayudamos, me gusta pensar que nuestra labor tiene un valor especial. Trabajar aquí, en un lugar donde el sentido de comunidad se siente a cada paso, tiene su encanto. Nuestra profesión es una montaña rusa; cada día es diferente, y esa adrenalina de no saber qué traerá la jornada es, precisamente, lo que más me gusta de este trabajo. Pero detrás de cada historia y cada cobertura, hay aspectos que a menudo no se ven y que nos afectan más de lo que la gente imagina.

Ser periodista significa vivir pendientes de la actualidad las 24 horas del día, los siete días de la semana, los 365 días del año. Siempre estamos al tanto de lo que pasa, y cuando algo importante ocurre, estamos allí, listos para cubrirlo. Pero, a veces, sentimos que quienes organizan los eventos y las autoridades no valoran nuestro esfuerzo.

Algo tan sencillo como empezar una rueda de prensa, o a una convocatoria, a la hora marcada sería un cambio significativo. Esos 20, 30 o incluso más minutos de retraso nos afectan mucho. Quizás parezca una espera menor, pero, para nosotros, ese tiempo perdido puede hacer que nos retrasemos en otros compromisos. La puntualidad es algo que pedimos, porque, aunque sepamos que el periodismo es una profesión sin horarios fijos, también tenemos otros compromisos y necesitamos organizar nuestro tiempo.

Otro punto es la falta de consideraciones mínimas en algunos eventos. Muchas veces, pasamos horas de pie, bajo el sol, la lluvia o el frío, cubriendo actividades que hacen que nuestra ciudad sea conocida más allá del Estrecho. Un ejemplo reciente es la Cuna de La Legión, un evento en el que la ciudad se vuelca al 100%. Sin embargo, en esta última edición, varios periodistas pedimos una botella de agua, y se nos negó porque solo estaba destinado a los participantes. Es irónico, porque la difusión y cobertura que le damos a este evento cada año es parte de lo que ha hecho que sea tan famoso en la Península.

Y, por otro lado, están los sindicatos. Sabemos que su misión es velar por los derechos de los trabajadores, pero a veces sentimos que nuestra profesión no entra en esa ecuación. Hemos visto convocatorias de actos sindicales a las dos o las tres de la tarde, en plena hora de la comida. Nosotros también tenemos derecho a hacer una pausa, a estar con nuestras familias y disfrutar de una comida tranquila. No pedimos que la cobertura de las noticias se detenga, pero sí que se tomen en cuenta horarios más razonables. Al final, no es una cuestión de pedir privilegios; es solo una solicitud de respeto.

Queremos seguir informando y haciendo nuestra labor con el compromiso de siempre, pero pedimos un poco de consideración. Amamos nuestro trabajo y estamos orgullosos de hacerlo en esta ciudad. Sin embargo, un poco de empatía y valoración por parte de quienes organizan los eventos, las autoridades y otros actores de la sociedad no solo nos facilitaría el trabajo, sino que reforzaría ese sentido de comunidad que todos queremos construir.