Opinión

La burda presunción

Una de las razones esgrimidas desde hace décadas para justificar las rebajas de impuestos a los ricos es que eso es bueno para la economía, porque el dinero que los ricos ahorran por no pagar impuestos lo invierten y crean empleo. Falso.

Una de las razones esgrimidas desde hace décadas para justificar las rebajas de impuestos a los ricos es que eso es bueno para la economía, porque el dinero que los ricos ahorran por no pagar impuestos lo invierten y crean empleo. Falso. Lo demostró un diario tan poco sospechoso de izquierdismo, comunismo o de anti-capitalismo como The Wall Street Journal. El diario analizó la presidencia de Bush hijo, que rebajó los impuestos a los ricos y muy ricos, y demostró que ese período, cuando los ricos pagaron menos impuestos, fue el de menor creación de empleo de la historia reciente de EEUU.

El Estado no puede seguir recurriendo a la deuda y, para evitarlo, la fiscalidad ha de ser justo lo contrario de la actual. En la actualidad se gasta en función de lo que se recauda, pero debe ser al revés: recaudar para atender los gastos necesarios en unos presupuestos justos (aunque el término de justicia debería ser debatido).

Por tanto, la solución no pasa por rebajar impuestos sino por una verdadera reforma fiscal, recordando que reformar significa cambiar algo para mejorarlo. Una reforma fiscal que ha de basarse en los impuestos directos como principal fuente de ingresos y reducir los indirectos, por no ser equitativos y ser regresivos.

Una verdadera reforma fiscal ha de suprimir la postura favorecedora a las rentas del capital. ¿Por qué han de pagar menos impuestos o no pagar los beneficios del capital? Y una auténtica reforma fiscal ha de establecer un Impuesto a las Transacciones Financieras, además de eliminar los privilegios fiscales de entidades como las SICAV cuya tributación es tan ridícula que parece un insulto, que por cierto el Gobierno Central ya trabaja en este aspecto.

Una verdadera reforma fiscal ha de restablecer los impuestos sobre Sucesiones, Donaciones y Patrimonio, desaparecidos de hecho en algunas comunidades autónomas gracias a bonificaciones y exenciones. Y la verdadera reforma fiscal ha de incluir un programa de lucha implacable contra el fraude fiscal, la evasión de impuestos, que suma unos 40.000 millones anuales de euros de los que 72% lo evaden las grandes fortunas y corporaciones multinacionales, además de grandes empresas.

El sindicato de técnicos de Hacienda (GESTHA) ha advertido una vez más que bajar impuestos no es buena medida para aumentar la demanda y la actividad económica. La buena medida es una verdadera reforma fiscal justa, progresiva y suficiente. Porque las rentas altas cada vez pagan menos impuestos, el capital paga poco y las multinacionales eluden millones. Entonces la insuficiencia fiscal mueve a los estados a endeudarse. Y le deuda pública no deja de ser una transferencia de la riqueza del Estado (de la ciudadanía) a la minoría que controla la economía.

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