Opinión

La frontera, en un patio de colegio

Llevo un tiempo observando la actitud de quienes durante todos estos años que han estado gobernando se han recreado con la herencia de Zapatero, culpándole de todas las medidas restrictivas que tenían que emprender y mintiendo en determinados aspectos que acabaron calando en la gente que se suele conformar con los dogmas de fe.

Llevo un tiempo observando la actitud de quienes durante todos estos años que han estado gobernando se han recreado con la herencia de Zapatero, culpándole de todas las medidas restrictivas que tenían que emprender y mintiendo en determinados aspectos que acabaron calando en la gente que se suele conformar con los dogmas de fe.

El mantra del miedo es lo que ha acompañado siempre a la derecha, una derecha dispuesta a mentir sobre la izquierda, y que yo sepa ni queremos romper España, ni nos hemos alienado con ETA, ni hemos provocado un efecto llamada.

Si algo nos ha caracterizado siempre ha sido el diálogo, la actitud de Estado y la lealtad, tanto cuando hemos estado en la oposición como cuando hemos ocupado la Moncloa.

Y ahora nada es distinto, pero no voy a detallar que fue Aznar quien acercó a los presos de ETA, ni voy a recordar la mentira sobre el atentado de Atocha, ni voy valorar el papel tan magnífico que tuvo Rubalcaba como ministro del Interior, ni nuestra mano con el 155 cuando Rajoy nos necesitó para la crisis de Cataluña. Mucho menos voy a incidir en la política de inmigración del Partido Popular. Y no lo voy a hacer porque las personas están cansadas del tú más, agotadas de los cruces de palabras y las promesas incumplidas. 

Pongamos que hablamos de Ceuta. Al hacerlo no tengo más remedio que irme a la frontera. Y no, mi artículo no va a ir en la línea de afirmar que tenemos la solución inmediata, porque estaría mintiendo. Mi artículo tampoco evita reconocer que hemos podido meter la pata a la hora de acusar al Gobierno Local de la falta de ayuda, porque aunque puede que sea cierto y sabemos perfectamente diferenciar de quién es cada competencia, existen circunstancias donde no hay que buscar culpables sino tender puentes o silenciar batallas. 

La frontera es una cuestión que sobrepasa los objetivos que se pueda marcar nuestra delegada y eso lo sabe muy bien el Partido Popular. Y hablo en plural porque los errores los hago míos, algo que no ha hecho el secretario General del PSOE de Ceuta, al que todavía estoy esperando que haga alguna declaración desde que vino Rivera o Casado.

Pero lejos de entender el error, lo posterior ha sido mucho más bochornoso. Tanto la Ciudad como algunos partidos, e incluso sindicatos, han proyectado una imagen deprimente e infantil. No se puede acusar de echar balones fuera con un puntapié a la pelota, que es lo que han hecho en cada una de las notas de prensa que han reflejado las colas que tenemos en la frontera. Y no, nunca se ha culpado a la Policía Local, sino a quienes dan órdenes. 

Y todo el mundo sabe que en dos meses no se puede hacer lo que han o no han intentado en siete años. Jamás hice una crítica destructiva al Partido Popular sobre este asunto, puesto que hay cosas que necesitan la colaboración Estatal, Europea y Mundial. Entiendo que la ciudadanía no lo comprenda, pero es ruin que el Partido Popular, el mismo al que también se le atragantaba la operación OPE, al mismo a quien también la cola le llegaba a Juan XXIII, y al mismo a quien también le vinieron inmigrantes en situación irregular, pida la dimisión de Salvadora Mateos y balbuceé con pataletas acerca de quién es la persona que tiene que dar en cada momento las ruedas de prensa en la Plaza de los Reyes. No sabía que Hachuel aspira a llevar también la política de comunicación del PSOE. 

La delegada está poniendo todo su empeño en dialogar y en buscar alternativas a sabiendas que, como he dicho al principio, depende más del Gobierno Marroquí. 
Quizá, no lo sé, es hora de armarnos de valor y acabar con el porteo, que no es más que dejar de contribuir con el contrabando, pero a veces una decisión lleva aparejada una consecuencia. 

Y sí, es irónico escuchar a Casado recalcar que hay que invertir en el país de origen cuando recortaron en un 70%. Y es anecdótico leer a dirigentes del Partido Popular zarandear que el ministro del Interior no haya venido a Ceuta cuando el suyo no asomó la cabeza jamás. 

En definitiva, y en unos tiempos donde el populismo domina los argumentos sensatos e inteligentes, solo espero que Ceuta pase a ser la prioridad en las agendas de los distintos Gobiernos y en vez de soberbia tengamos solidez, ilusión, madurez y experiencia.
 

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