Lunes. 21.08.2017 |
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Opinión
Editorial
18:40
18/04/17

Secretos

La revelación de un secreto constituye una de las pulsiones más elementales de cuantas alimentan el proceder humano. Acceder al conocimiento de lo que ha permanecido vedado excita el intelecto y mueve al morbo y la curiosidad.  Y, por si fuera poco, resulta extraordinariamente educativo.

Secretos

La revelación de un secreto constituye una de las pulsiones más elementales de cuantas alimentan el proceder humano. Acceder al conocimiento de lo que ha permanecido vedado excita el intelecto y mueve al morbo y la curiosidad.  Y, por si fuera poco, resulta extraordinariamente educativo.

La juez Raquel Lucini levantaba el pasado día 7 el secreto de sumario que pesaba sobre el “caso Emvicesa” y, con ello, proporcionaba un instructivo entretenimiento a abogados, procesados, periodistas y curiosos de toda laya. El voluminoso procedimiento -13 tomos y 5.000 folios- da cuenta de las intervenciones telefónicas, los registros practicados en los domicilios de los acusados, las declaraciones de investigados y testigos, los documentos relacionados con la tramitación administrativa de la adjudicación de viviendas, los seguimientos policiales y toda una suerte de información que arroja luz sobre las actividades delictivas que se imputan a los implicados.

Pero más allá del contenido penalmente relevante, los miles de folios del sumario también informan de detalles cotidianos, revelan actitudes vitales, esbozan ambiciones, ofrecen un inventario de debilidades humanas y dibujan el ambiente en el que los “personajes” de la historia se conducían en su vida diaria. Nada que pueda llevarte a la cárcel pero que, tomado en su conjunto, constituye una suerte de curso rápido de antropología social muy edificante.

El sumario relata escenas que bien pudieran incluirse en un manual de costumbrismo. Los prestigios de conciudadanos bien conocidos se tambalean sin remedio ante la zafiedad de sus conversaciones telefónicas, las certezas sobre la honorabilidad de algunos gestores públicos se derrumban frente a los miserables móviles que evidencian sus comportamientos, el servilismo de no pocos, apostados junto a la beneficiosa influencia del prócer de turno, se transparenta escandalosamente.

En todo caso, una lectura recomendable para conocer el tipo de sociedad en el que vivimos y una radiografía moral del estado de la ciudad.  

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