Señor Cucurull, de verdad, ¿qué le han hecho en Madrid?

Juan Redondo
Juan Redondo

Quizás yo no me haya enterado bien o posiblemente usted no se haya explicado debidamente, pero el caso es que según se deduce de sus declaraciones, poco o nada ha conseguido usted de su viaje a Madrid. Es evidente que de allí no se ha traído ninguna solución al problema, solo buenas palabras que en absoluto sirven para arreglar esta situación.

Por lo menos para algo valen estas cosas, y es que en el deseo de capear el temporal como sea, se aprovecha para señalar algunas partes del verdadero problema, apuntando entre otros al hecho de que el sultán marroquí, Mohamed VI, haya empadronado de manera deliberada a más de un millón de personas en Tetuán procedentes del sur de su sultanato, con la única intención de valerse del privilegio que se le otorga a los residentes de esa provincia para su paso a nuestra ciudad sin el correspondiente visado.

Es en este punto que el sultán parece haber calibrado mal la jugada, pues si bien es cierto que a España le ha generado un verdadero problema en sus fronteras, no es menos cierto que la situación en el país vecino también se ha tornado caótica con el peligro que eso supone para la propia estabilidad del sultanato alauíta. Queda claro pues que, llegados a este punto y dada la situación, a nuestras autoridades locales no les queda más remedio que, como castizamente se dice, coger el toro por los cuernos y proceder al cierre inmediato de esos polígonos comerciales que son en buena medida los que están generando nuestro problema, por lo menos hasta que se clarifique la cuestión en el país vecino y se consiga de igual modo y por nuestra parte, poner coto al descontrol existente en la configuración de esos polígonos.

El cierre temporal de esos polígonos, permitirá a nuestras autoridades, por un lado desactivar ese efecto llamada que sobre miles de marroquíes ejerce la existencia de ese comercio fraudulento de los polígonos, ayudando a poner orden en las infinitas naves incontroladas allí ubicadas y permitiéndonos diseñar de manera pausada y sosegada, una fórmula comercial con Marruecos que sea beneficiosa para ambos, pero fundamentalmente para una ciudad con las características y dimensiones de Ceuta.

Ahora bien, algo que se debería llevar a cabo desde la sensatez y la lógica política, parece resultar toda una proeza a unas autoridades totalmente bloqueadas e incapaces de dar ninguna solución razonable al tema. Su único recurso por lo que se ve, es el de echar balones fuera y amagar para quedarse una y otra vez en fuera de juego, terminología futbolística que define a la perfección, un proceder político cada vez más necesitado de mentiras y excusas que ya no esconden ni por asomo, el ridículo mayúsculo que nuestras autoridades están haciendo con la gestión de este acuciante problema.

No cabe duda de que el delegado del Gobierno está pasando el trago de su vida, sobre todo cuando desde el gobierno al que representa, en vez de apoyo solo encuentra respuestas del tipo, os arregláis como podáis que aquí ya tenemos bastante con Gurtel, Púnica, Barcenas, Granados, Gonzalez y su Canal de Isabel II, secesionismo e infinitas deudas, cuestiones para nada baladíes que hacen del gobierno de la nación un ente tan inoperante como el que tenemos aquí en Ceuta.