La Ciudad diseña nuevas medidas tras una década de mejora sostenida

Ceuta reduce la pobreza severa y prepara un plan para cerrar la brecha social

La pobreza severa baja, la renta sube y los barrios más vulnerables mejoran, pero el paro juvenil y la desigualdad siguen marcando el ritmo. La Ciudad anuncia un plan para reforzar la lucha contra la exclusión

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La Consejería de Servicios Sociales ha presentado un estudio que, más que cifras, deja una sensación clara: Ceuta ha mejorado, sí, pero sigue arrastrando desigualdades que pesan como una losa. La consejera Nabila Benzina encabezó la presentación, acompañada por Adela Nieto, Pepe Cantón y la socióloga Estrella Merino, responsables de poner números —y contexto— a una realidad que todos intuimos, pero que pocas veces se mide con lupa local.

La Ciudad encargó este trabajo el año pasado cansada, según explicó Benzina, de estudios nacionales que apenas rozan la superficie de lo que ocurre aquí. “No reflejan nuestra realidad”, vino a decir. Y no le falta razón: Ceuta es un territorio peculiar, con dinámicas propias, y las estadísticas generales suelen quedarse cortas.

Una década que deja señales de avance

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La consejera Benzina ha detallado cuáles han sido los resultados del estudios

El informe muestra una tendencia positiva: el riesgo de pobreza baja casi diez puntos en diez años y el indicador AROPE mejora más de diez. Traducido: Ceuta es hoy la segunda región de España que más ha avanzado en la lucha contra la exclusión social. No es poca cosa.

También se reducen las carencias materiales severas y la renta media de los hogares crece más de un 40 por ciento. Los distritos 4, 5 y 6 —los de siempre, los que más necesitan que algo cambie— son los que más suben. En algunos barrios, la renta ha aumentado hasta un 74 por ciento. Un dato que sorprende incluso a quienes trabajan cada día sobre el terreno.

Adela Nieto subrayó otro avance importante: el abandono escolar temprano se ha desplomado a la mitad desde 2005. Hoy está en el 14,6 por ciento. Un respiro en un ámbito donde Ceuta siempre ha tenido una batalla pendiente.

Cómo se hizo el estudio

Pepe Cantón explicó que el trabajo se apoya en once fuentes oficiales y en una encuesta propia a casi 400 hogares beneficiarios del bono social térmico. Es decir, familias vulnerables de verdad, no una muestra general que diluye la realidad. El margen de error es inferior al 5 por ciento.

Eso sí: Cantón insistió en que los resultados no representan a toda la población, sino a quienes viven con ingresos bajos, monoparentalidad, discapacidad o situaciones similares. Es una foto de quienes más dificultades tienen, no de la ciudad en su conjunto.

Cuando la vulnerabilidad se mira de cerca

La socióloga Estrella Merino fue directa: hay mejoras claras, pero también heridas abiertas. Entre los avances, destaca que cada vez más familias pueden permitirse unas vacaciones o afrontar un gasto imprevisto. También crece el acceso a ordenadores, algo clave en un mundo donde casi todo pasa por una pantalla.

En los distritos más castigados, la renta personal ha pasado de 4.800 a 7.500 euros. Un salto notable, aunque insuficiente para borrar las desigualdades.

Porque, y aquí llega el jarro de agua fría, Ceuta sigue teniendo un paro juvenil del 66,5 por ciento y uno de los índices de desigualdad más altos del país. La pobreza severa afecta al 16,3 por ciento de la población vulnerable, el doble que la media nacional.

Exclusión: más allá del dinero

El estudio incorpora un índice propio inspirado en FOESSA. Según este baremo, el 39 por ciento de los hogares vulnerables está en integración plena, pero un 8 por ciento vive en exclusión severa.

Las formas de exclusión más frecuentes son la social, la energética y la alimentaria. Esta última tiene un impacto directo en la obesidad infantil: cuando el bolsillo aprieta, los productos frescos desaparecen del carrito.

Los menores, las mujeres —sobre todo en hogares monoparentales— y la población inmigrante siguen siendo los perfiles más castigados.

Y ahora, qué

La Consejería asegura que este estudio será la base de un plan específico contra la pobreza. Los datos muestran que Ceuta avanza, pero también que el camino es largo y desigual. La ciudad mejora, sí, pero no al mismo ritmo para todos.

Y quizá esa sea la conclusión más honesta del informe: que detrás de cada porcentaje hay vidas que no siempre caben en una gráfica.