La protesta no nace de la nada. Llega después de demasiados avisos ignorados. Proteceuta ha decidido volver a la Plaza de África y poner el foco, otra vez, en algo tan básico como garantizar que los animales de esta ciudad vivan —y mueran— con un mínimo de dignidad.
La convocatoria se suma a una cadena larga de acciones que las asociaciones llevan años empujando. Nada épico: pasos pequeños, insistentes, casi tozudos, que buscan que Ceuta trate mejor a quienes no pueden defenderse solos.
La organización reclama algo tan elemental como instalaciones decentes para los animales en adopción y un crematorio que permita despedirlos sin convertir el duelo en un trámite frío y lejano. Hoy, cuando una mascota muere, su cuerpo viaja a la península. La familia se queda aquí, sin poder cerrar el círculo. Un detalle que duele más de lo que parece.
En paralelo, las asociaciones recuerdan otra batalla pendiente: la aplicación real del método CER —Captura, Esterilización y Retorno— para controlar las colonias felinas. No es una ocurrencia moderna ni un capricho animalista. Es el sistema que evita camadas sin control, reduce la sobrepoblación y permite que los animales vivan en condiciones mínimamente seguras.
Nada de esto es nuevo. Ni para Proteceuta ni para el Movimiento Ciudadano para la Dignidad Animal, que llevan años repitiendo lo mismo: Ceuta necesita un crematorio, un protocolo claro y una administración que entienda que el respeto a los animales también habla de la ciudad que queremos ser.
Las organizaciones insisten en que la ciudadanía debe implicarse. No por militancia, sino porque sin presión social nada cambia. “Estar, participar y hacerse ver”, repiten. Y lo cierto es que, en este tema, la masa crítica aún está por construirse.
La concentración de la Plaza de África busca justamente eso: que se note que hay gente detrás, que no son cuatro voces aisladas, que el bienestar animal no es un lujo ni una moda, sino un compromiso que Ceuta lleva demasiado tiempo aplazando.