No fue una comparecencia al uso. Ni por el tono ni por el contenido. En la Delegación del Gobierno, este viernes, hubo menos guion de lo habitual y más realidad sin adornos. El nuevo director territorial del Imserso en Ceuta, Julián Cambrero Espada, aterriza en Ceuta con un discurso directo y sin adornos: el principal problema del Imserso es la falta de médicos para valorar discapacidad y un atasco que supera los 2.100 expedientes.
El acto arrancó con la bienvenida institucional del delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, que quiso dejar claro que el nombramiento “no es solo un trámite administrativo”, sino parte de una estrategia más amplia: “fortalecer los servicios públicos en Ceuta”.
“No vamos a puntuar la realidad”, advirtió. Y puso el foco directamente en el Imserso: “afronta desafíos importantes y es prioridad absoluta trabajar en ellos”. Triano reconoció además el periodo de interinidad tras la salida del anterior director y agradeció el papel de José María Marfil, que sostuvo el servicio durante meses: “su compromiso ha sido vital para que la maquinaria administrativa no se detuviera”. Con ese contexto, dio paso a Cambrero.
“No vamos a engañarnos”
El nuevo responsable del Imserso no tardó en marcar distancia con los discursos más planos. Agradeció el recibimiento, el respaldo institucional y el trabajo previo del equipo, pero enseguida aterrizó en lo importante.
“No vamos a engañarnos”, repitió varias veces.
Reconoció que el organismo viene de una etapa complicada: acumulación de trabajo, falta de personal y el impacto de situaciones como la COVID o la pérdida del doctor Ávila, pieza clave en la valoración de discapacidad.
Eso sí, también quiso contextualizar: “Cuando uno va en las primeras posiciones de todo el país y baja, se nota más”.
Tres frentes… y uno que preocupa
Cambrero dibujó el mapa del Imserso en Ceuta como un triángulo con tres áreas principales:
- Dependencia
- Centro social de mayores
- Centro base (discapacidad)
En dependencia, sacó pecho con datos: “En España el plazo medio ronda los 150 días. En Ceuta estamos en 38”. En el centro de mayores, reconoció problemas de personal, aunque destacó el trabajo diario con usuarios y profesionales. Pero el verdadero problema está en el tercer vértice. “Estamos mal. Y no lo ocultamos porque sería de necio”, dijo sin rodeos sobre la discapacidad. El atasco es claro: más de 2.100 expedientes acumulados y una falta clave: médicos para valorar.
“El problema principal es encontrar un médico”
Ahí está el cuello de botella. El fallecimiento del doctor Ávila dejó un vacío difícil de cubrir. Y no es solo un problema local. “Los médicos somos un bien escaso actualmente en España”, explicó. Y a eso se suma la dificultad de atraer profesionales a Ceuta por su ubicación.
Mientras tanto, se han probado soluciones temporales:
- encomiendas a empresas
- apoyo de equipos desde Madrid
- refuerzos puntuales
Pero no es suficiente.
“El obstáculo principal es cubrir la plaza del médico”, insistió.
Aun así, anunció que ya se han incorporado 12 nuevos trabajadores en otras áreas y que se están explorando todas las vías posibles: traslados, contratos temporales, comisiones de servicio.
“Parar la hemorragia”
En uno de los momentos más directos de la comparecencia, resumió su prioridad: “Lo que tengo que intentar es parar la hemorragia”. Luego corrigió la metáfora, pero el mensaje ya estaba dicho.
Su plan, al menos de entrada, no es complejo: trabajar, reorganizar y buscar soluciones “debajo de las piedras… o debajo del agua”.
Una cifra que lo explica todo
Para cerrar, dejó un dato que pone en contexto el alcance del problema: “El 11% de la población ceutí tiene reconocida una discapacidad”. No es un asunto menor. Es una parte importante de la ciudad la que depende, directamente, del funcionamiento de este sistema.
Sin promesas vacías
Cambrero evitó grandes anuncios. No habló de plazos milagro ni de soluciones inmediatas. Sí dejó, eso sí, una promesa sencilla: “Vengo a trabajar. A trabajar. A trabajar”.
Y una idea que sobrevoló toda la comparecencia: que el estado del Imserso no se mide en cifras, sino en algo más básico: la calidad de vida de quienes lo necesitan.