Cultura

Un cine club, de la Edad de Oro del cine checo

Romeo y Julieta y las tinieblas
photo_camera Romeo y Julieta y las tinieblas

A las 19:00 horas de hoy, la sala de usos múltiples de la Biblioteca Pública del Estado 'Adolfo Suárez' vivirá la segunda sesión de 'el cine por delante',  de cine club, dirigido por Rafael Morata, con la proyección de la película 'Romeo y Julieta y las tinieblas', dirigida por Jiri Weiss

En un entorno opresivo, en el de un país ocupado Romeo, Julieta y las tinieblas es una  fábula romántica y trágica acerca del Holocausto judío, con una mirada tremendamente humanista, muy alejada del cine de Hollywood.

El cine club, dirigido por Rafael Morata, hoy en la sala de usos múltiples de la Biblioteca Pública del Estado 'Adolfo Suárez' presenta, a las 19:00 horas de este martes 22 de febrero, esta historia de amor ambientada en un bloque de apartamentos cuadruplicado en Praga durante la Segunda Guerra Mundial, como fondo el asesinato en la vida real del cruel déspota nazi Reinhardt Heydrich, y las represalias inhumanas resultantes. 

Romeo, Julieta y las tinieblas, fue la cinta ganadora de la Concha de Oro a la mejor película en el Festival de San Sebastián de 1.960, un clásico emblemático del cine checoslovaco anterior al nacimiento de la Nueva Ola Checoslovaca. 

La cinta de Jirí Weiss también ganó el Gran Premio en 1960 Festival Internacional de Cine de Taormina.

Jirí Weiss, de origen judío, pese a la contundente oposición paterna, Weiss (1913-2004) abandonó sus estudios de Derecho para convertirse en director de cine. En sus primeros años de carrera, durante los años treinta, destacó en el género documental para dirigir, en 1947, la que se considera como la primera película de ficción importante en la cinematografía checa, “El confín robado”. Desde entonces, su prestigio fue aumentando hasta culminar en sus dos mejores películas, “Romeo, Julieta y las tinieblas” (1960) y “El cobarde” (1961). Hoy en día es presa del olvido.

Centrándonos ya en la obra que veremos, el Romeo y la Julieta del título (Pavel es un estudiante que, en la Praga ocupada de 1942, esconde en una buhardilla de su edificio a Hanka, una joven judía que escapa del horror que puede conducirla a un campo de exterminio) alude más que a la pareja protagonista a su pertenencia a dos grupos irreconciliables: de una parte los nazis, los colaboracionistas y una población presa del miedo, y las personas consideradas enemigas por aquellos, de otra. Tal y como afirma David Zuker, “el amor, como en la tragedia clásica de Shakespeare, será el que se abra paso entre el miedo y la desolación con un sentimiento de belleza, de delicadeza, de instantes únicos”.

Centrando la historia en la frágil fortaleza que supone el claustrofóbico edificio en el que tiene lugar la acción, con pocas secuencias rodadas en exteriores, caracterizada por una fotografía expresionista, un sutil empleo del sonido y una ejemplar estructura narrativa gracias al montaje, la película -poética, intimista y ajena a la sensiblería lastimera- es el recuerdo de Pavel sustentado en un largo flash-back que comienza y termina en la habitación que sirve de refugio a su amada. Para Rubén Redondo, “el silencio y las miradas furtivas plenas de pavor ante la posibilidad de un arresto nazi dejarán en la pasividad de unos ciudadanos decentes un pasillo sin obstáculos ni frenos a los monstruos para llevar a cabo su indigna misión”. En este sentido, “pocas películas como ‘Romeo, Julieta y las tinieblas’ han sabido reflejar con tanta nitidez y verdad esta patología humana que permitió al régimen nazi moverse a sus anchas por media Europa”.

Deslizándose entre el costumbrismo, la denuncia, las miserias de la guerra y el horror que condenan una historia de amor a un imposible, esta obra de Weiss es, en las acertadas palabras de Rubén Redondo, “una bellísima fábula extremadamente romántica y trágica acerca del Holocausto judío, sobre el cual lanza el director una mirada tremendamente humanista, muy alejada a la efectuada por el cine norteamericano”.

Espero y deseo que esta película tenga una acogida similar a la anterior, “Nunca pasa nada”, de Juan Antonio Bardem, que logró reunir a más público y suscitó un interesante debate. El propósito del cine-club del que soy responsable es el de presentar películas que se encuentran fuera de los circuitos comerciales y de las cadenas y plataformas televisivas, para darlas a conocer y sumergir al público que lo desee a la auténtica dimensión artística de un cine que escapa de los lugares comunes y las fórmulas insensatas donde lo comercial y su parafernalia devoran sin piedad al Arte. Finalmente, me permito avanzar que en marzo también tendremos una doble sesión protagonizada por el que, sin lugar a dudas, es el director de mi vida, el alemán Rainer Werner Fassbinder, del que se cumplirán 40 años de su temprana desaparición el próximo mes de junio.

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