Cultura

el arabista MARTÍNEZ MONTÁVEZ presenta su última obra en ceuta

"Recomiendo conocer las ciudades árabes caminando por sus calles, pero también alejándose"

martínez montávez
photo_camera El profesor Martínez Montávez, hoy en la "Adolfo Suárez" (C.A.)

El eminente arabista ha presentado esta tarde su libro “En las fronteras del prólogo: Ver lo árabe con otros ojos” en un acto celebrado en la biblioteca "Adolfo Suárez".

El reflejo de la pasión y el enamoramiento que el profesor Pedro Martínez Montávez confesaba esta tarde por el mundo árabe, su lengua y su literatura ha iluminado la charla que el traductor y arabista jiennense, el más eminente de entre todos sus colegas, ha ofrecido en la biblioteca “Adolfo Suárez”. Martínez Montánez venía a Ceuta a presentar un libro fronterizo, confeccionado con reflexiones acerca de los más diversos asuntos puestas al servicio de otros autores: “En las fronteras del prólogo: Ver lo árabe con otros ojos”.

La obra, una selección de 49 prólogos salidos de la pluma de Martínez Montávez, servía de pretexto para que el venerable arabista, cumplidos ya los 84 años, compartiese con los asistentes su mirada civil y apasionada de un mundo al que ha dedicado toda su carrera académica y sus energías vitales.

“Dentro de la cosas que todavía voy buscando siguen estando el misterio y la realidad de la lengua árabe”, confesaba a su audiencia.

Martínez Montávez citaba a la filósofa María Zambrano (“se es claro cuando se está en paz con uno mismo”) para, acto seguido, revelar una concepción muy personal de la existencia que, tal y como detallaba, se presenta como un hecho individual y compartido: “No se puede vivir sin uno mismo pero tampoco sin los demás”.

Esta visión de las cosas, que hace compatible la conveniencia de la introspección con la necesidad de entender el mundo a través de los demás, ha facilitado al profesor Martínez Montávez una doble perspectiva que ha servido para su aproximación a lo árabe: “Recomiendo conocer las ciudades árabes caminando por sus calles, pero también alejándose de ellas”. Observándolas desde los minaretes, como gustaba hacer en El Cairo de su juventud: “La ciudad tenía un color canela”.

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