Cultura

El santo más popular de Ceuta vuelve unir tradición, devoción y jolgorio

San Antonio ha brillado en romería después de dos años, aunque con una afluencia rasgada entre el éxodo del puente y la cálida jornada que ha empujado a muchos ceutíes a afincarse en las playas.

Dos años han transcurrido hasta que San Antonio, el que para muchos es el santo más popular entre la devoción caballa, ha vuelto a salir de su ermita donde ha aguardado pacientemente cuarentena. Al fin, todo ha quedado como un capítulo del pasado. También para las festividades que regresan por todo lo alto y con más ganas que nunca, pese a que el regreso de la festividad del santo casamentero ha sido a medio gas.

Un puente con festividad en lunes que ha dejado a la ciudad sostenida y vigilada por la mitad de su población, mientras que el resto emprendió viaje hace unos días al otro lado del Estrecho. Mientras, otros han optado por disfrutar de una última jornada al sol arrullados por el mar en las costas de la ciudad, aprovechando el cálido y tórrido clima que desde hace una semana acompaña.

No obstante, los devotos, fieles y amantes de la popular romería no han faltado a una esta esperada cita donde los actos religiosos han culminado con jolgorio y un gran ambiente festivo.

Los actos daban comienzo con la misa oficiada por el vicario general de la ciudad, Francisco Jesús Fernández.

Finalizado el oficio religioso, ha comenzado uno de los momentos más esperados de la romería: la procesión de San Antonio por las inmediaciones de la ermita. Al son de las campanas del templo, el popular santo ha iniciado su recorrido, como siempre a hombros de los porteadores de la hermandad y seguido por numerosos fieles. Su entrada al templo tras su recorrido procesional ha sido ovacionado por los fieles que han despedido al santo entre vítores y aplausos.

Una vez en el templo, daba comienzo otro de los actos más esperados de la romería: la entrega de los panecillos. Casi una hora antes, los asistentes comenzaban a guardar su turno para ser los primeros en hacerse con el preciado “bollito”, una muestra de la devoción de los ceutíes por cumplir una tradición que forma parte indisoluble de la historia local.

Largas colas se han conformado para conseguir uno de estos preciados panes que, según la tradición, otorgan suerte a su poseedor y que debe guardarse un año entero hasta la noche de San Juan, en la que se tira al agua para alimentar a los peces.

Es el conocido como el ‘pan de los pobres’, con el que San Antonio dio ejemplo y ayudó a los más necesitados

Un panecillo acompañado por la suerte, aunque no es el único favor que presta San Antonio, ya que la tradición lo apunta como santo casamentero al que acuden las jóvenes para pedirles marido y también hay quien le reza para encontrar un objeto perdido.

Cumplida la tradición del pan, llegaba el momento de hacer una parada y disfrutar de la oferta gastronómica de esta romería. Todo un clásico es ya la tortillita de camarones, fiel a su cita anual desde San Fernando (de donde proceden estos cocineros), o la paella, mientras se bailaba al son de Raya Real.

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