La Ciudad

DÍA DE LA CIUDAD

La celebración de la autonomía se reduce a un acto organizado para distinguir a los Olivencia y al Cermi

DÍA DE CEUTA 02-09-2015

El Teatro Auditorio Revellín ha acogido esta tarde la ceremonia institucional organizada con motivo del Día de Ceuta. El acto ha servido para formalizar la entrega de las medallas de oro de la Ciudad a los hermanos Manuel y Francisco Olivencia. El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi) ha recibido la Medalla de la Autonomía. Los diputados de Caballas y MDyC no asistieron al acto. 

acto5 (1)La coral “Andrés del Río” inauguró el acto atacando el “Over the rainbow” de la banda sonora de “El mago de Oz”. Los asistentes no repararon en los presagios ni alcanzaron a descifrar las advertencias que preñaban la pieza musical con la que se les daba la bienvenida. Habría bastado con que interpretaran las señales, habría sido suficiente con evocar desde el patio de butacas a la inocente Dorothy hollando el camino de baldosas amarillas. Un largo, larguísimo camino que se perdía en el horizonte y cuyo fin no logró atisbarse hasta casi dos horas más tarde.

Inmediatamente, el conjunto vocal pasó a interpretar “Reloj no marques las horas”. Esto debería de haber constituido indicio suficiente de lo que les aguardaba.

La ceremonia institucional con la que se celebraba el Día de la Autonomía de la Ciudad de Ceuta se redujo en esta tarde noche de miércoles laborable a un acto desabrido, cuasi privado y ajeno al común de los ciudadanos ceutíes.

La convocatoria se limitaba a la entrega de los galardones que con motivo de la fecha del 2 de septiembre otorga cada año la Ciudad a sus ciudadanos más ilustres. Las emocionadas palabras de los hermanos Francisco y Manuel Olivencia, medallas de oro de la Ciudad, y los mensajes reivindicativos de la vicepresidenta del Cermi, Mercedes Medina, quien recogió la Medalla de la Autonomía, constituyeron los únicos atractivos de un acto por lo demás anodino.

“Nuestro objetivo será siempre luchar por obtener la plena integración de las personas con discapacidad”, manifestó Medina, antes de reclamar tanto al delegado del Gobierno como al presidente de la Ciudad, ambos presentes en el auditorio, medidas concretas para favorecer condiciones de igualdad en los colegios y políticas de accesibilidad en calles y edificios.

Tras la intervención de la representante del Cermi, el presidente de la Ciudad pasó a hacer entrega de sus medallas de oro a los hermanos Olivencia. Visiblemente conmovidos, Francisco y Manuel evocaron la relación de su familia y de ellos mismos con la ciudad que ahora les reconocía sus méritos.

“Veo en esta medalla la correspondencia al único mérito que tengo adquirido con Ceuta: que la amo profundamente”, se confesó Manuel Olivencia. El jurista galardonado evocó la memoria de su infancia y primera juventud en un discurso plagado de anécdotas y recuerdos de una ciudad que ya no existe.

Como su hermano Manuel, Francisco glosó su implicación sentimental con la ciudad y su compromiso vital en defensa de los intereses de la Ceuta que le vio nacer. “He llamado a algunas puertas en las que, cuando descubrían que uno iba a hablar de Ceuta, surgía el recelo, la sospecha y el rechazo; eso es algo contra lo que hemos de luchar los ceutíes propugnando por España lo que realmente somos”, exhortó el medalla de oro al auditorio.

Las intervenciones de los Olivencia fueron despedidas con cerradas ovaciones del público puesto en pie.

 

A la mitad del camino de baldosas amarillas

Los discursos de agradecimiento de los premiados dieron paso a una nueva actuación del coro, cuyos miembros, a modo de prólogo a la disertación del presidente de la Ciudad, Juan Vivas, optaron por deleitar al respetable con una composición de aires tribales africanos. Llegado este momento, Dorothy apenas había conseguido cubrir poco más de la mitad de aquel interminable sendero de baldosas amarillas de la película.

La primera autoridad de la Ciudad comenzó a hilvanar un prolijo discurso en el que, trenzado con varios de los tópicos de su repertorio retórico, dejó algunas reflexiones sobre el fenómeno migratorio, las consecuencias del soberanismo catalán y la lacra del paro. Vivas expresó el “profundo dolor” que le ocasionan las muertes de las personas que, procedentes de países en guerra o lastrados por la miseria, mueren en el intento de alcanzar suelo europeo, un sentimiento que hizo compatible con la admiración a los integrantes de los dispositivos policiales que vigilan la integridad de las fronteras del país.

Tras declarar el sentimiento de orgullo que, según aseguró, anima a los ceutíes a “servir a España”, Vivas aludió a los procesos políticos alentados por los nacionalismos periféricos. “Ante el desafío de quienes pretenden romper la unidad de España, en esta orilla estamos confiados en una España unida, fuerte, cohesionada y solidaria”, concluyó.

El día en el que el Ministerio de Empleo daba a conocer los datos de paro registrado correspondientes al mes de agosto, que han revelado un incremento en las cifras de desempleo en Ceuta, el presidente reclamó, como instrumento para combatir el problema de la desocupación, “una actitud cómplice y constructiva que no esté contaminada ni por el fatalismo ni por el triunfalismo”.

A estas alturas, Dorothy corría presa de las convulsiones hacia lo que intuía la cima de su camino amarillo.

El grupo coral decidió entonces abandonar los experimentos polifónicos con los que mantuvo entretenida a la concurrencia durante la gala y resolvió despedir el acto de manera mucho más sobria e institucional. “Over the rainbow” dejó paso a los sones del himno de Ceuta en el cierre musical de la ceremonia.

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