La Ciudad

cabalgata de reyes 2019

Los Magos abarrotan las calles

Centenares de personas han participado hoy en la tradicional Cabalgata de Reyes Magos. Lo que sigue es una fidedigna crónica de lo acontecido desde la llegada esta mañana de Melchor, Gaspar y Baltasar a la ciudad. 

Episodio 1

reyes magosLas cosas comenzaron a torcerse a primera hora de la mañana. Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente descendían solemnes de una patrullera de la Guardia Civil, las sonrisas francas, los brazos alzados en señal de saludo, los oídos cuidadosamente protegidos por tapones de silicona, una prevención que buscaba amortiguar los efectos que sobre la integridad de los regios tímpanos habían de ejercer, necesariamente, los horrísonos chillidos que emergían de centenares de histéricas laringes infantiles.

Lo que no sabían los Magos –no podían saberlo- es que, confundido entre la multitud, se deslizaba subrepticio el cuñado de un práctico del puerto de Algeciras entusiasta de la figura de Santiago Abascal. Su ponzoñosa influencia había logrado crear entre algunos de los padres congregados a esa hora en el Muelle de España una corriente de opinión contraria a la ilustre visita.

Maliciaba el sesudo cuñado que la decisión de conducir  a aquellos extranjeros hasta la costa bajo custodia de las fuerzas de seguridad del Estado no podía considerarse casual. Su campaña proselitista consiguió ganar para sí a un grupo de adeptos, conscientes de la gravedad del momento presente y de las acechanzas que se ciernen sobre la supervivencia de la patria. Fue precisamente por ello por lo que les resultó verosímil la acusación de que aquellos pomposos migrantes constituían, en realidad, la avanzadilla de un grupo terrorista cuyo propósito no era otro que el de corromper a la infancia española, abortando así la semilla destinada a hacer germinar sobre el solar hispano un futuro linaje de recios y corajudos patriotas.

“La artera conspiración que se trama es de una estudiada perversidad y sus alcances habrán de resultar devastadores para España”, bramaba el cuñado ante un reducido auditorio que le escuchaba junto a la rotonda de Pepe Caballa. “El crimen que se trata de perpetrar se ejecutará poniendo a disposición de nuestros hijos miles de caramelos cuya incontinente ingesta inoculará en sus delicados cuerpecitos dosis intolerables de glucosa que inficionará su sangre –explicaba didáctico el agitador-  y convertirá a las futuras generaciones de españoles en una cáfila de obesos incapaces proclives a la presbicia, la insuficiencia renal, la hipercolesterolemia y la demencia”.

“¡No pasarán!”, gritó a voz en cuello uno de los improvisados prosélitos, un exceso lógicamente reprobado por sus secuaces, que advertían en aquella proclama inequívocas connotaciones anarcobolcheviques.

 

Episodio 2

Llegada de los Reyes Magos al Muelle de EspañaA las puertas del Parador La Muralla, donde el Ayuntamiento los había acomodado con cargo al erario público, Sus Majestades, suntuosamente ataviadas como corresponde a su rango, se reunieron para echar un cigarrito y cambiar impresiones sobre los acontecimientos de la mañana. No muy lejos, protegidos por las vallas de la obra de la Gran Vía, el comando cuñadista pergeñaba una segunda acusación que, unida a la ya detallada de la conspiración glucémica, ofrecería a la Fiscalía argumentos incontrovertibles para entrullar a ese trío de degenerados barbudos.

La cosa era evidente para cualquiera que no se dejase engañar. Bastaba una ojeada a la indumentaria y ademanes de aquellos mercachifles para advertir sus pervertidas inclinaciones, ésas que pretendían ocultar pero que resultaban tan notorias para el perspicaz y penetrante ojo de un español genuino. Las falanges ricamente enjoyadas, las pantuflas de terciopelo bordado, la pequeña argolla dorada que perforaba la nariz de Melchor, los hermosos brocados, las untuosas maneras de los Magos… La decisión de Baltasar, adoptada a última hora, de reclamar los servicios de su peluquero para someter su crespo cabello a un alisado japonés tampoco ayudaba al disimulo.

“Resulta obvio –revelaba el cuñado a su reducida parroquia, ahora establecida en uno de los veladores de la cafetería Apolo- El armiño, fijaos en el armiño”. Tras estas palabras, los miembros de la célula españolista intercambiaron una mirada de complicidad y entendimiento antes de arrearse otro lingotazo de Soberano.

En un ejercicio que confrontaba la feble y andrógina apariencia de los Magos con los viriles modelos del hombre hispano, los reunidos evocaron el recuerdo de las figuras de Alfredo Mayo, el del pecho piloso y el ademán marcial; de Telmo Zarra, el de la rudeza vascongada y la destreza atlética; de José María Aznar, el del bigote evanescente y la refundación conservadora…

De fondo, la música interpretada por la Agrupación de la Amargura anunciaba que la comitiva real se aproximaba al Casino Militar.

 

Episodio 3

Los Reyes, por las calles del centroEsta fidedigna crónica, que abunda en detalles sobre lo realmente acontecido durante la Cabalgata de los Reyes Magos, concluye en un escenario inesperado con un protagonista ya conocido.

Comoquiera que ninguna de sus encendidas soflamas, llamamientos incendiarios, conminaciones, advertencias y exhortos obtuvieran resultado, el cuñado resolvió trepar, sobreponiéndose a su misoginia, hasta lo más alto de la estatua de Calipso. Desde allí, y al paso del desfile, le resultaría más sencillo dirigirse a la multitud para advertir del peligro al que, en su ignorancia, los incautos padres exponían a sus hijos. En la atalaya de su carroza, Gaspar observaba atónito a aquel individuo melancólico y tenaz que le señalaba con un dedo acusador mientras profería los más abominables insultos: “¡Pervertidor de la infancia, sodomita, amigo de feminazis!”, aullaba enardecido este español cabal de privilegiada cabeza, la cual, con todo, estuvo a punto de quebrarse por el impacto, sin duda involuntario, de un caramelo de limón mentolado que vino a incrustársele a la altura del occipucio.

Solo la decidida actuación de los agentes de la Unidad de Intervención Rápida de la Policía Local y los consuelos espirituales proporcionados por el párroco de la iglesia algecireña de La Palma, de visita pastoral en la ciudad, consiguieron aquietar el furibundo arrebato de este español honesto y leal.

Por lo demás, la Cabalgata estuvo estupendamente.

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