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Los españoles tras la delgada línea azul

Trabajan como mediadores, pero sin bajar la guardia: la chispa de uno de los conflictos más irascibles del mundo puede saltar e incendiarlo todo en cualquier momento. Estrella Digital recorre el frágil límite entre Israel y Líbano que custodian los militares españoles.

Estrella Digital/Paula Pérez Cava

“Aquí hay una falsa sensación de seguridad y tranquilidad. Pero es fácil que se rompa el equilibrio. Una sola persona puede provocar un incidente a gran escala en cualquier momento”. La descripción de la situación de Líbano que el comandante Carlos Roviralta, oficial de comunicación en la misión, mientras un autobús de Naciones Unidas recorre salteando la ‘blue line’, es más que ilustrativa.

La carretera dibuja con trazo suave los valles de la zona sureste de Líbano, donde los puestos militares libaneses a pie de carretera se entrelazan visualmente con las antenas omnipresentes de las posiciones israelíes en lo alto de las montañas. A veces, a escasos metros unos de otros.

Recorremos la ‘blue line’ a principios de noviembre con los ‘paracas’, desplegados en la misión en ese momento. El calor aún aprieta en el sur de Líbano, pero los militares del contingente español de la Brigada Paracaidista están acostumbrados al clima y a la misión. Llevan cinco meses liderando la Brigada del Sector Este de la Fuerza de Naciones Unidas para Líbano UNIFIL (los paracaidistas de Paracuellos de Jarama han dado el relevo a la Brigada de Infantería Mecanizada “Guzmán el Bueno” X a finales de noviembre).

Conocen todos los recovecos de la línea azul, creada en el año 2000 al amparo de la ONU y que establece los límites entre Israel y Líbano. No es una frontera, insisten, sino una “demarcación”: una sucesión de puntos pintados de azul –casi siempre barriles, a veces piedras- que marca hasta dónde llega el territorio de cada país. Establecer esa línea no es tarea fácil. “No puede haber una distancia de más de 50 centímetros entre los puntos que definan cada uno; si no, no se puede establecer un ‘blue barrel’”, explica el general de la BRIPAC, Alfredo Pérez Aguado, que dirige la misión de UNIFIL en el sector este en ese momento. 

Barriles azules OK

Los barriles azules siluetean la demarcación entre Líbano e Israel/ Paula Pérez Cava

La mediación es, precisamente, una de las misiones de los militares españoles, que se encuentran al mando del llamado Sector Este, uno de los más conflictivos. Se ocupan de vigilar que no haya intrusiones en esta delgada línea azul (que cruza pueblos, carreteras y hasta un río, el Wazzani, donde los libaneses han montado improvisados 'resorts' para bañarse en verano). Por cada "intrusión", tienen que hacer un informe, ya sea de niños jugando a la pelota en el río, de un campesino que cruza con el ganado o de cualquier otro asunto más serio. 

También prestan apoyo a las fuerzas armadas libanesas y ayudan a la población civil en diversos aspectos, desde cursos de español hasta construcción de fuentes, carreteras o mezquitas. Son las llamadas actividades CIMIC, de colaboración cívico militar . También ahí siguen mediando. Mucho. Hasta el kafkiano punto de tener que celebrar una reunión tripartita para proponer que sea UNIFIL quien pode un árbol con raíces en Israel cuyas ramas se cuelan en zona libanesa.

 

Los puntos rojos de la línea azul

Uno de los lugares más controvertidos son las granjas de Cheeba, un territorio reclamado por Líbano bajo el control de Israel. Una compañía de unos 40 militares indios, bajo el mando del general español, se encargan de la vigilancia la zona. A simple vista, se pueden apreciar seis puestos israelíes que les rodean y las piedras pintadas de azul para continuar la silueta de la ‘blue line’.

La posición 4-34 está rodeada de posiciones israelíes. A lo lejos, en la parte superior de la montaña, se pueden apreciar las antenas de los puestos israelíes. | Paula Pérez Cava

Ahora, se registran invasiones de la demarcación territorial a instancias de pastores o campesinos. En otro tiempo, las incursiones de Hezbolá eran constantes, por eso están ahí. El Líbano de contrastes hace que en esa posición, con agradables 30 grados a principios de mes noviembre, se cubra de hasta tres metros de nieve en invierno.

Pero la escena más gráfica de lo que ocurre en Líbano es la vista de Ghajar, un pueblo en mitad de una extensión de terreno vacía. La localidad, originalmente siria, es atravesada por una línea que no es azul. Se trata de la ‘technical fence’, una valla que marca el territorio israelí que suele coincidir con la demarcación pactada con la ONU.

La 'technical fence' atraviesa el pueblo de Ghajar por la mitad. Los habitantes que quedan del lado israelí, no quieren volver a pertenecer a Líbano. | Paula Pérez Cava

La 'technical fence' atraviesa el pueblo de Ghajar por la mitad. Los habitantes que quedan del lado israelí, no quieren volver a pertenecer a Líbano/ Paula Pérez Cava

Según nos acercamos a la localidad, empieza a verse más movimiento en el interior de la valla –que tiene en su interior una carretera asfaltada y otra sin asfaltar por la que los israelíes hacen sus patrullas. “Saben que estamos aquí. Quieren hacer notar su presencia también”, explica un oficial del Mando de Operaciones que acompaña a este diario en el recorrido por la zona.

Junto a Ghajar, en mitad de una zona sin edificios, un conjunto de construcciones blancas de edificios señala otra posición de la ONU. La 4-28, ocupada por militares españoles y rodeada de un terreno plagado de minas que Israel no deja quitar. En esa posición, falleció el cabo Francisco Javier Soria tras un ataque israelí a posiciones libanesas en 2015. De lejos es difícil adivinar cómo pudo producirse un error que acabó con la vida del cabo. La zona está despejada y la torre desde donde vigilaba el militar se ve con claridad. De cerca, en la propia posición, tampoco se entiende. Pocos de los militares que han pasado por allí creen en la versión oficial y la mayor parte está convencida de que fue un ataque intencionado.

Desde esa posición, como explica el caballero legionario paracaidista en el vídeo al inicio de este texto, los militares salen a patrullar el pueblo y han ayudado a construir una mezquita, dentro de las labores Cívico Militares (CIMIC) que también desempeña la BRILIB. Vigilan el tránsito de una carretera que lleva a la localidad. Por ella, solo pueden circular vehículos autorizados por UNIFIL.

Hezbolá coloca sus banderas amarilas para marcar el territorio. La negra conmemora la celebración de la 'ashura'. | Paula Pérez Cava

Hezbolá coloca sus banderas amarilas para marcar el territorio. La negra conmemora la celebración de la 'ashura' / Paula Pérez Cava

El recorrido lleva por campos sembrados de barriles azules y banderas de Hezbolá que recuerdan la Ashura (una fiesta chíi para conmemorar la muerte del nieto de Mahoma) en la zona de Metula, un lugar históricamente conflictivo entre los dos países. Terminamos en el “Panorama Point” que pertenece, en realidad, a Israel.

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Los militares indonesios, apostados en el 'Panorama Point' mientras turistas libaneses se acercan a hacerse fotos en un territorio que, consideran, les pertenece/  Paula Pérez Cava

Desde allí se contempla el territorio bajo control israelí que anteriormente perteneció a Líbano. Allí, los libaneses practican el llamado "turismo de resistencia" y los 'cascos azules' indonesios, también bajo el mando del general español del sector este, vigilan sin perder detalle. "Parece un lugar tranquilo [como casi todos los que visitamos], pero es, en realidad, un punto difícil. Desde aquí se puede ver todo el territorio invadido por Israel ahora por su dominio", explican los oficiales. Los militares disuaden de hacer fotos a los periodistas. “Aquí sí que estamos vigilados en serio”, explican.

El último punto caliente que visitamos es la tumba de Sheikh Abbad -para los libaneses- o de Rabbi Ashi -para los israelíes. Las disputas entre ambos países, que defienden que allí están enterrados estos dos referentes religiosos como motivo de reivindicación del lugar (ambos personajes se llevan 1000 años), hicieron que allí se estableciera una posición de la ONU. Cuando se llega al lugar, se entiende el motivo de la disputa (salvando los motivos religiosos): se contempla todo el valle cuyo límite está en disputa entre los dos países.

En su lado de la 'blue line' Israel ha colocado uno de sus puestos, el 'portaaviones' lo llaman los militares españoles por sus dimensiones. Al otro lado, y siempre bajo mandato de los militares españoles que mandan en el Sector Este, está la posición de la ONU ocupado por un batallón nepalí. 

 

Regreso a la Base Miguel de Cervantes

Los militares de la BRIPAC son el 25º contingente que ha enviado España a Líbano. En total, son más de 21.200 militares los que han pasado por tierras libanesas con los casos azules de la ONU y 15 han fallecido en la misión.

La Base Miguel de Cervantes, construida hace 10 años con la llegada de la misión española allí y que muchos consideran la mejor base española en todo el mundo, se dirige la actividad del contingente y se proporcionan todos los medios necesarios para desarrollar las funciones. Hay prácticamente de todo. Se sitúa en una posición estratégica en la zona, desde el patio de armas se ven los Altos del Golán a lo lejos y hay un acceso rápido a las poblaciones cercanas, con las que se trabaja estrechamente. También esos habitantes, casi desde el comienzo, vieron a los militares españoles como aliados. 

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