Remitidos

Digmun: una reflexión desde lo personal

Cartel anunciador del Día Universal de la Infancia
photo_cameraCartel anunciador del Día Universal de la Infancia

Andrea es una joven que estudió Cooperación al Desarrollo y decidió hacer sus prácticas en Digmun. La motivación que la hizo llegar a Digmun fue su curiosidad por la realidad de Ceuta, una realidad que como ella dice ‘es una gran desconocida para la Península’. Se enamoró de Ceuta por su diversidad, y desde su llegada supo que su trabajo no había acabado en esas prácticas. Al finalizar, ha continuado colaborando con Digmun e interesándose por las personas con las que trabajamos día a día. 
Para leer lo siguiente, primero, debemos retroceder. Quizás unos años. Quizás unas décadas. A cuando usted, cuando yo, íbamos al colegio. El colegio era, sin duda, un lugar de aprendizaje y crecimiento: descubríamos temas que no sabíamos que nos encantaban, aprendíamos a hablar nuevos idiomas, jugábamos con nuestra mente y nos hacía felices seguir conociendo más. Fue además, el lugar dónde conocimos a quienes serían referentes importantes en nuestras vidas; nuestros profesores. También, un espacio seguro para descubrir y compartir con esas personas a las que empezamos a llamar ‘amigos/as’.  Personas con las que vivimos grandes momentos y quizás, algunas de ellas aún forman parte de nuestra vida o las recordamos con cariño. Fue ahí, dónde se construyeron los cimientos de lo que en la adolescencia iría dando forma a nuestra personalidad, a lo que somos hoy en día. 
zxEn España, gracias a la educación pública, no tenemos que preocuparnos por nada. Ningún/a niño/a queda fuera de esta esfera de crecimiento, diversión y protección, tan importante para el posterior desarrollo en la etapa adulta. O, ¿quizás no es así? Desgraciadamente no, no lo es. Cada año, un total de unos 20 niños y niñas se inscriben a las listas de Digmun para poder recibir algún tipo de aprendizaje en las clases que ofrecen. ¿Que qué es Digmun? Bien, eso un poco más adelante.  
Año tras año, esos niños y niñas se dejan la piel en poder aprender todo lo que se les enseña, no faltar a las clases, sacar buenas notas y cumplir unos estándares. Peques de entre 6 y 14 años que se esfuerzan día tras día por encajar en el sistema educativo, un sistema educativo al que no se les permite el acceso. Después de tanto esfuerzo, no tienen nada asegurado. Año tras año, sus esfuerzos quedan supeditados a la buena fe del cargo político de turno que en ese momento dirija el Ministerio de Educación. Frustración, impotencia, llanto, tristeza, lloro, desilusión, desengaño. Sus ojos de pena e incomprensión hablan sin necesidad de articular palabra. ¿Cómo decirles a esos/as niños/as que su valor es infinito? ¿Qué son suficiente? ¿Qué el problema no es suyo sino que son temas burocráticos del Estado? Imposible.  
A toda esta situación de desamparo, pocas son las ONG que trabajan para niños/as que no están escolarizados/as y dan acompañamiento en todo el proceso previo de aprendizaje y el entramado burocrático laberíntico de después. Digmun, es una de ellas. Digmun nació en Ceuta en 2005. Desde sus inicios, trabaja por dar cobertura a todas esas personas que quedan al margen de las ayudas, a quienes todo lo público no 
llega: ni la educación. Digmun se enfrenta constantemente a la necesidad de buscar ayudas y apoyos para poder seguir trabajando, tejer redes con instituciones, otras ONGs, personas particulares que a título personal colaboran, ceden espacios, hacen donaciones, regalan su tiempo... Sin embargo, cada año parece más difícil la situación, Digmun encuentra más obstáculos y menos recursos. Muchas son las ONG que han sufrido hasta el punto de ver peligrar proyectos sumamente necesarios para Ceuta, España, Europa y el Mundo. Las políticas a todos los niveles afectan directamente la vida de estos niños y niñas y les abre la puerta a la educación. A ese colegio del que usted, del que yo, guardamos grandes recuerdos. Les abre la puerta, o no. En muchos casos las políticas que se llevan a cabo no les abre la puerta, se la cierra.  
Denegar la educación a un solo niño o niña es fracasar como sociedad, como humanidad. Es alimentar un juego en el que la educación, deja de ser un derecho y se convierte en un privilegio. 
 

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