“Estaba muy feliz, tranquila, en paz”. La madre y la hermana del acusado (A.G.D.) por el asesinato de María Ángeles Lozano en 2022 no dudaron en la segunda sesión del juicio, iniciada en la mañana de este miércoles, en señalar a la hija del matrimonio como responsable de la muerte de su madre. Tampoco en airear y afear comportamientos de la niña en los años previos al suceso y en días y meses posteriores. En cada respuesta, incluso a preguntas que no tenían que ver directamente con la joven -que tenía 17 años el día de autos-, ambas mujeres no dudaron en deslizar detalles para construir un perfil negativo de ella: “Le gustaba el jamón de pata negra” o “se hizo tatuajes a los dos días de morir su madre, que no le dejaba”, llegaron a exponer ante la mirada del tribunal de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Cádiz desplazada en Ceuta.
El núcleo de las declaraciones en la sala de las dos familiares más próximas fue orientado a mantener la postura que la abogada de la defensa, Inmaculada Güil, lleva planteando desde la primera jornada del juicio. Es decir, a dibujar al supuesto asesino como un buen marido, padre y profesional, y a dibujar a la niña, único testigo presencial de lo ocurrido, como autora de los disparos.
Mientras ambas descartaron mala relación entre A.G.D. y Lozano, retratándolos como un matrimonio ideal, que no discutía. Aprovecharon para apuntar a un cambio de personalidad en su hija a partir de los nueve o diez años.
“Les mandaba a tomar por culo”, “se encerraba 24 horas en su habitación y había que llevarle la comida” o “estudiaba mal” fueron algunas de las afirmaciones que las mujeres plantearon para explicar esa supuesta modificación de conducta que se mantuvo hasta el 14 de marzo de 2022, cuando ocurrió el suceso.
En esa jornada, la hermana del acusado recibió una llamada cuando “venía de llevar a su madre al oftalmólogo”. Alguien no identificado le dijo a través del móvil que “su sobrina había matado a Ángeles (Lozano)”.
Dos días después, la hermana de A.G.D. Se fue a “dar un paseo por la playa con la joven”, con la intención de “mantenerla alejada de las miradas”: “Me dijo que quería ir al Primor a por unas toallas para el pelo rizado. Que quería estar por la calle, ver el ambiente. Estaba feliz, en paz, tranquila”.
Para reforzar esa construcción de una adolescente “sin pena” ninguna por la muerte de su madre, explicó que a las pocas jornadas, volvió a verla, esta vez por la Marina y esta le enseñó los tatuajes que se había hecho en los brazos y el tobillo: “Su madre no le dejaba”.
También criticó que se echara “un noviete” o que tratara “mal a su abuela” y vino a dar a entender que asesinó de forma intencionada a su progenitora, dando la razón a su hermano: “Ha cambiado su versión en todas las declaraciones”, concluyó sobre ella, reconociendo sin embargo no haber visto los vídeos de esos interrogatorios.
La enfermedad del acusado y su escueta versión de los hechos
Lo que al parecer sigue siendo un misterio para las familiares de A.G.D. es la versión de los hechos de su propio hijo y hermano. "Me ha dicho que la niña la lió no yendo ese día a la escuela, nada más", aseguró la hermana del hombre, que en cualquier caso lleva tiempo -desde el mismo día del suceso- estando "convencida" de que quien disparó el arma fue la pequeña. Viéndola tan segura, el abogado de la acusación, Javier Cabillas, optó por preguntarle el motivo que le ha llevado a ocultar a las autoridades una información "tan relevante". Esta contestó con evasivas.
También llamó la atención el hecho de que ambas dijeran que el acusado, agente de la Policía Local, estaba diagnosticado de "esquizofrenia paranoide". Un extremo del que según ambas era conocedora la familia materna, que lo negó en bloque este lunes en la misma sala.