La Casa de Ceuta en Melilla volvió a llenarse este sábado, pero no para un acto más del calendario cofrade, sino para algo distinto: una conversación abierta sobre el pregón oficial de la Semana Santa de 2026, el de J. Pedro Pomares, que sigue dando que hablar semanas después de haber sido pronunciado.
La cita, en pleno Sábado de Gloria y con la sala prácticamente llena, no fue una conferencia al uso. Más bien, un encuentro en el que el pregonero se sentó frente al público para desmontar su propio texto, explicar cómo lo construyó y compartir lo que no se ve cuando uno escucha un pregón desde la butaca.
Un arranque cercano
El presidente de la Casa de Ceuta en Melilla, Ramón de la Cruz, abrió la tarde con unas palabras sencillas y afectuosas hacia Pomares. Nada de discursos largos: un reconocimiento directo a un pregón que, según dijo, “ha tocado algo más que la emoción del momento”.
El pregón, contado desde dentro
A partir de ahí, el protagonismo fue para Pomares. Sin solemnidades, habló de cómo nació cada parte del texto, de los símbolos que lo atraviesan y de las vivencias personales que terminaron colándose en él. Lo hizo con naturalidad, incluso con humor en algunos momentos, lo que terminó de romper la distancia habitual entre autor y público.
La sorpresa llegó cuando los asistentes empezaron a intervenir. Preguntas sobre pasajes concretos, sobre decisiones narrativas, sobre lo que quiso decir y lo que quiso evitar. Pomares respondió a todo con calma y cercanía, agradecido —y algo abrumado, como él mismo admitió— por el interés que sigue despertando su pregón.
Un formato que engancha
La dinámica funcionó. No hubo barreras ni formalidades: solo un diálogo que permitió a muchos descubrir matices que habían pasado desapercibidos y a otros acercarse por primera vez a un texto que ya forma parte del imaginario cofrade melillense.
Entre el público, además de socios y simpatizantes, se dejaron ver hermanos mayores y representantes de distintas entidades. Una presencia que confirma que la iniciativa no fue un acto menor, sino un punto de encuentro para quienes viven la Semana Santa más allá de los días señalados.
Cultura cofrade sin corsé
Con propuestas como esta, la Casa de Ceuta en Melilla demuestra que la cultura cofrade también puede contarse de otra manera: sin rigidez, sin solemnidad obligatoria y con espacio para la conversación. Una apuesta que ha salido bien y que deja una sensación clara entre quienes asistieron: el pregón no termina cuando se pronuncia, puede seguir creciendo si se abre a la gente.