El Centro de Orientación, Empleo y Emprendimiento (COE) celebró este martes la entrega de premios de su concurso de microrrelatos. Lo hizo en un acto discreto, casi íntimo, en el que la única participante presente fue, precisamente, la ganadora: Ana María Presentación Mata. A veces las cosas salen así, con más sillas vacías que público, pero también con historias que merecen ser contadas.
Su texto, “El umbral”, se llevó el primer premio. Un relato breve, directo, nacido de una experiencia personal: la pérdida de un empleo. Ana María lo escribió para digerir aquel momento, para poner orden en lo que dolía. Con el tiempo —contó— ha aprendido a mirar ese episodio desde otro lugar, uno menos oscuro y más útil para seguir adelante.
El jurado lo tuvo complicado. Tanto, que el segundo premio terminó siendo compartido entre Ana María Fernández Sal y Judith Alfaro. Apenas un punto separaba los textos, según explicó Margarita del Brezo Gómez, del equipo de orientadoras del COE. Ella misma destacó algo que llamó la atención: todas las participantes eran mujeres, con edades entre los 36 y los 81 años. Y dejó caer un deseo para próximas ediciones: que los hombres también se animen.
Literatura, empleo y una reflexión que sigue pendiente
El director provincial del SEPE, Francisco Gil, aprovechó el acto para recordar que este concurso forma parte de la programación anual del COE. No es solo una actividad cultural, dijo, sino también una forma de hablar de igualdad de oportunidades, especialmente en el empleo femenino, donde todavía persisten barreras que no siempre se ven, pero se sienten.
En esa misma línea, el director del COE, Alejandro Paradi, subrayó que iniciativas como esta buscan acercar las oficinas de orientación a la ciudadanía, mostrar que detrás de los trámites hay personas y también espacios para pensar en lo que nos afecta.
El relato ganador
Ana María Presentación Mata leyó su microrrelato, que suena casi como un susurro de liberación:
El umbral
Acaba de pasar y quiero salir cuanto antes.
Cojo el rollo de bolsas negras y de un tirón arranco una.
Rápidamente me cambio de ropa y lo meto todo ahí, incluido el colgante.
Pongo la carta sobre mi pecho, respiro profundo y siento que no habrá duelo.
Sonrío.
A oscuras bajo las escaleras y me dirijo hacia el umbral que separa lo oprimido de lo liviano.
Vuelvo a leer la carta para comprobar que este momento es real:
“Mediante el presente escrito le notificamos el despido de esta empresa...”.
Tras la lectura, la autora quiso enviar un mensaje a quienes atraviesan situaciones similares: de un despido también se sale, y a veces incluso se aprende más de lo que uno imagina.
Un cierre sencillo para una edición pequeña, pero significativa
La entrega de premios terminó sin grandes discursos ni fotos multitudinarias. Fue una edición modesta, sí, pero dejó claro que hay ganas de unir literatura y reflexión social en Ceuta. Y que, aunque no siempre haya público, las historias siguen llegando. Y cuentan.