8M · Día Internacional de la Mujer

Malika Al-Lal, la “mosca cojonera” que no dejó de pedir un hospital nuevo para Ceuta

Médica, gestora sanitaria y actual directora general de Igualdad del Gobierno de Ceuta, Malika Al-Lal Haddu repasa una vida marcada por la disciplina, la vocación pública y la lucha por abrir camino en un mundo dominado por hombres. Desde su papel clave en la llegada del nuevo hospital hasta su mensaje a las nuevas generaciones

Malika Al-Lal
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A Malika Al-Lal Haddu no le gustan las entrevista, pero hoy habla con Ceuta Actualidad no como quien mira atrás con nostalgia. Habla como quien todavía está en marcha. A sus espaldas quedan décadas de medicina, gestión pública y decisiones difíciles. Delante, todavía, proyectos y una inquietud que no parece tener intención de jubilarse.

En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, su historia no es solo la de una mujer que llegó a puestos de responsabilidad en un ámbito tradicionalmente masculino. Es también la historia de una forma de entender el trabajo: con disciplina, con empeño y con una idea clara de servicio público. “Soy una mujer luchadora, valiente, que no se deja amedrentar ante nadie ni ante nada”, dice con naturalidad. “Siempre he tenido obstáculos, algunos muy duros, pero siempre he ido a por mi objetivo. Eso sí, sin pisar a nadie”.

Malika Al-Lal
Malika Al-Lal

Quienes la conocen saben que esa forma directa de expresarse es marca de la casa. Hoy es directora general de Igualdad del Gobierno de Ceuta. Pero siempre es médica, especialista en otorrinolaringología, doctora en Medicina y durante años directora territorial del Insalud —el actual Ingesa— en la ciudad. Y, entre otras cosas, una de las personas que más insistió y que más empeño puso para que Ceuta tuviera un nuevo hospital: el actual Hospital Universitario.

Una decisión que empezó mucho antes

La historia de Malika empieza mucho antes de la gestión sanitaria. Empieza en una casa donde, según cuenta, la educación fue siempre el eje. “Yo he nacido en una familia privilegiada”, explica. No lo dice por riqueza ni por posición social. Lo dice por los valores con los que creció.

Su padre, recuerda, era un hombre de mentalidad abierta que trataba igual a sus seis hijos: cuatro chicos y dos chicas. “En mi casa la libertad era lo primero”, resume.

Cuenta una escena sencilla que todavía la acompaña. En una comida familiar la de cada día al salir del colegio, uno de sus hermanos le pidió que se levantara a traerle agua. Su padre lo cortó de inmediato. “De eso nada. Levántate tú. ¿Por qué se va a levantar Malika? Sois todos iguales”. Ese tipo de gestos, aparentemente pequeños, marcaron una forma de entender el mundo. Y también las decisiones que vendrían después.

A mediados de los años 70, cuando terminó el bachillerato, muchas jóvenes de Ceuta optaban por estudiar Magisterio en la ciudad. Ella tenía otra idea muy clara. “Yo quería estudiar Medicina. Por encima de todo”.

Su madre dudó al principio. No era una decisión fácil para una chica joven en aquella época. Pero Malika lo tenía claro. “Le dije: si no me dejas ir a Granada a estudiar Medicina, me quedo en casa y me pongo a fregar platos”. La frase, recuerda entre risas, le llegó al alma a su madre. Y así empezó el camino.

Granada, la carrera y una meta clara

Se marchó a Granada con una idea fija: no volver a Ceuta hasta tener todo hecho. “Mi madre me decía muchas veces que había médicos de Ceuta que ya estaban trabajando aquí, con su coche y su sueldo. Y yo todavía estudiando”, cuenta. Pero su plan era otro. Primero terminar la carrera. Después especializarse. Luego defender su tesis doctoral. Solo entonces volver. Y así fue.

Malika Al-Lal
Malika Al-Lal

Durante la carrera se convirtió en alumna interna en la especialidad de otorrinolaringología. Empezó entonces un camino de investigación que culminaría años después con su tesis doctoral, que obtuvo la máxima calificación: cum laude. Cuando terminó todo, decidió regresar.

En 1990 se presentó a la oposición para la plaza de otorrinolaringología en Ceuta. El examen se celebraba en Madrid. Había siete aspirantes. Y ocurrió una escena que todavía recuerda con claridad.

En la prueba práctica le colocaron delante una tomografía para analizar un caso de sinusitis. Pero estaba al revés. Malika se levantó. “Perdone, pero la radiografía está puesta al revés”. Uno de los miembros del tribunal respondió: “Da igual”. Otro intervino inmediatamente: “No, no da igual”. La prueba continuó. “Con perdón, me tumbé a los seis tíos que había allí”, cuenta entre risas. Ganó la plaza. Y volvió a Ceuta.

De la consulta a la gestión

Durante años ejerció como especialista en el antiguo ambulatorio de José Lafont. Su mundo era la medicina asistencial. Hasta que en 1997 recibió una llamada inesperada.

El Partido Popular buscaba una persona para dirigir el Insalud en Ceuta. El puesto exigía una condición muy concreta: ser funcionaria fija del grupo A. “Y la única que cumplía esos requisitos era yo”. La propuesta la dejó pensativa. Le gustaba su trabajo. Había luchado muchos años para ser médica. Durante una semana dudó.

Finalmente aceptó ir a Madrid a una entrevista con el entonces presidente ejecutivo del Insalud: Alberto Núñez Feijóo. El encuentro fue directo. “Le dije con total sinceridad: mi currículum es clínico. De gestión no sé nada”. Feijóo respondió que en gestión también cuentan la intuición y el equipo que uno se rodea. Malika aprovechó para dejar algo claro desde el primer minuto. “Le dije que si aceptaba el cargo iba a reivindicar un hospital nuevo para Ceuta”.

Formaba parte de una plataforma que llevaba años reclamándolo. Y no pensaba abandonar esa lucha. Al día siguiente recibió la llamada. Había sido nombrada directora territorial.

Una “mosca cojonera” por el hospital

La batalla por el nuevo hospital fue larga. Mucho más de lo que muchos imaginan. “Nos costó la vida”, reconoce. Primero hubo que conseguir que el proyecto entrara en los presupuestos. Luego encontrar terrenos. Después resolver problemas técnicos en la obra, como enormes capas de roca que obligaron a replantear el proyecto. Pero la insistencia no cesó. “Siempre que me preguntaban por inversiones para Ceuta, lo primero que ponía era hospital nuevo”.

La directora general de Servicios Sociales e Igualdad, Malika Al-Lal (C.A./ARCHIVO)

La presión llegó a ser tan constante que, según cuenta, el propio Vivas llegó a bromear con la situación ante periodistas. “Les dijo: no os preocupéis, que tengo aquí una mosca cojonera que se llama Malika y que todos los días dice hospital para Ceuta”. Años después, el hospital se convirtió en realidad.

Y el tiempo ha terminado de darle la razón. Durante la pandemia de COVID-19, explica, el viejo hospital de la Cruz Roja habría sido incapaz de asumir la presión sanitaria. “Con el hospital antiguo habría sido un desastre”.

En un mundo de hombres

Cuando llegó a la dirección territorial del Insalud, la presencia femenina en puestos de dirección era escasa. Mucho más que ahora. Sin embargo, asegura que nunca sintió rechazo directo. “Yo nunca he sentido que me rechazaran por ser mujer”. Sí recuerda alguna anécdota reveladora.

En una reunión en Madrid con otros directores territoriales, uno de ellos le soltó de entrada: “Malika, tendrás muchos problemas en Ceuta con tanto moro”. Ella respondió sin alterarse. “No te preocupes por mí. Yo soy del grupo de los moros y convivimos perfectamente”. La conversación terminó con risas. Pero el episodio refleja que el camino no siempre fue sencillo.

Durante su etapa en el Insalud también soportó críticas constantes: de sindicatos, de sectores políticos y de parte de la prensa. “Era pum, pum, pum todos los días”, recuerda. Incluso llegó a escuchar amenazas veladas de quienes querían desestabilizar su gestión. “Pero esas cosas ni las tengo en cuenta”.

Educación, disciplina y preparación

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Malika Al-Lal

Si hay una idea que repite durante toda la conversación es una: la preparación. “Una mujer preparada consigue lo que quiere”.

A las nuevas generaciones les lanza un mensaje muy claro. Primero estudiar. Después trabajar. Y nunca dejarse amedrentar. “Si tienes un objetivo, síguelo. El que la sigue la consigue”.

También insiste en la importancia de que las mujeres se apoyen entre sí. “Si nos ayudáramos más unas a otras llegaríamos mucho más lejos”.

La evolución es evidente, reconoce, pero todavía queda camino. En su propia profesión, la medicina, el cambio es visible. Hoy la mayoría de estudiantes son mujeres. “Empiezan 200 o 250 alumnos en primero y el 80% terminan siendo mujeres”, explica. Para ella la explicación es sencilla. “Nos esforzamos más. Trabajamos más. Y tenemos que demostrar continuamente lo que valemos”.

Familia, hijos y un sueño pendiente

Después de toda una vida dedicada al trabajo público y a la medicina, Malika se acerca a la jubilación con serenidad. “Cuando llegue el momento, me iré a casa”.

Sus tres hijos han seguido caminos universitarios. Dos son farmacéuticos y la tercera, que estudió Derecho y varios másteres, decidió volver a empezar para estudiar Farmacia. Pero aún tiene sueños pendientes.

Uno de ellos tiene que ver con su compromiso con las mujeres. Cuando se jubile le gustaría colaborar con alguna asociación que asesore y acompañe a mujeres que atraviesan situaciones difíciles, especialmente relacionadas con la violencia de género. “Me crispa los nervios cuando veo a un hombre hablar mal a una mujer”, confiesa. Su mensaje es claro: no tolerarlo. “Después de eso viene lo peor”.

Y hay otro deseo más íntimo: ser abuela. “Pero ninguno de mis hijos se casa”, dice entre risas.

Gratitud y memoria

Si hay algo que atraviesa toda su historia es la gratitud hacia su familia, especialmente hacia sus padres. Su padre falleció hace ocho años. Y todavía se emociona al recordarlo. “Me inculcó unos valores tremendos”.

A su madre le reconoce la disciplina. “Era la que llevaba la vara. Aquí hay que estudiar”. Esa mezcla de exigencia y apoyo, asegura, fue clave. “Yo soy lo que soy gracias a ellos”.

Un mensaje para el 8M

En el Día Internacional de la Mujer, Malika no habla de teorías ni de discursos elaborados. Habla de experiencia. De estudiar. De trabajar. De no dejarse intimidar. Y de educar a las nuevas generaciones con valores. “Las mujeres criamos a los hijos y tenemos que inculcarles disciplina, trabajo y respeto”.

Si eso se consigue, dice, el futuro será distinto. Porque, insiste una vez más, las mujeres tienen capacidad de sobra para llegar donde quieran. Solo necesitan una cosa: creerlo. Y seguir adelante. Sin miedo.