Hay trayectorias que no se explican con un cargo. Se explican con una vida entera alrededor de un balón. Pilar Cózar lleva más de tres décadas en ese mundo. Primero en la Liga de Fútbol Profesional, cuando apenas había mujeres en los despachos, y ahora en la AD Ceuta FC, donde se encarga de algo tan intangible como imprescindible: que todo funcione.
Que los clubes lleguen, que la logística no falle, que la imagen institucional del club y de la ciudad esté a la altura. Si algo se tuerce, Pilar lo arregla. Si algo puede torcerse, Pilar intenta que ni siquiera llegue a pasar.
Su historia, además, tiene un punto simbólico. Es hija de Emilio Cózar, histórico presidente de la Federación de Fútbol de Ceuta. Pero su carrera no se construyó sobre ese apellido.
Los comienzos
Todo empezó en 1992, después de meses enviando currículums sin suerte. “Estuve meses echando currículums en agencias de publicidad, en medios de comunicación… no me salía nada. Me vine a Ceuta y un día me llamaron de la Liga de Fútbol Profesional. Era uno de los sitios donde había enviado mi currículum”, recuerda.
Volvió a Madrid, hizo la entrevista y, tras meses de espera, llegó la llamada definitiva. El 1 de junio de 1992 empezó a trabajar en la Liga, el mismo año de las Olimpiadas de Barcelona. Al principio, nada fue exactamente como esperaba.
Había estudiado Comunicación, pero acabó en un puesto administrativo. “Fue un poco chasco”, admite hoy. Sin embargo, no tardó en encontrar su sitio. “Yo ayudaba a la chica de prensa, hacíamos resúmenes de prensa, preparábamos comidas con periodistas… Al final hacía más cosas de comunicación que de administración”.
Un mundo de hombres
Hoy cuesta imaginarlo, pero el fútbol profesional de principios de los noventa era un territorio casi exclusivamente masculino. “Mandos intermedios no había mujeres. Presidentas tampoco. Las chicas éramos secretarias, recepcionistas… y los jefes eran hombres. Era así”. Lo cuenta sin dramatismo. Era lo normal entonces. “Lo teníamos asumido. Entrabas como secretaria y eras la secretaria de un jefe que era el hombre”.
Por eso también sonríe cuando alguien sugiere que su llegada pudo tener algo que ver con su padre. “Mi padre entregó mi currículum en la Federación Española, como pudo haberlo hecho en cualquier sitio. Pero luego pasé entrevistas como muchas otras personas”.
Aprender a hacerlo todo
Aquella Liga de los años noventa no se parece demasiado a la maquinaria empresarial que es hoy. “Éramos unos veinte. Una familia”, recuerda. Allí todo el mundo hacía de todo. “No había jefe que no hiciera fotocopias o pusiera un café. Nosotros también recogíamos, ayudábamos en lo que hiciera falta. Así aprendimos a trabajar en equipo”. Esa versatilidad acabaría marcando su carrera.
Cuando fue madre tuvo que tomar una decisión complicada. El horario del periodismo deportivo —tarde y noche— era incompatible con criar a su hijo sola en Madrid.
Pidió reducción de jornada y cambió de departamento. Y ese cambio le abrió otra puerta. “Pasé por muchísimos departamentos: recepción, competiciones, gerencia, presidencia…”. Aquello, dice, le permitió conocer “las tripas de la Liga”.
Años después empezó a trabajar junto al secretario general, Carlos del Campo, organizando asambleas, comisiones y reuniones de los órganos de gobierno de la institución. Un trabajo discreto, pero esencial.
Lo que se ha ganado en 30 años
Cuando Pilar mira atrás, la diferencia con el fútbol de hoy es evidente. Hace treinta años apenas había periodistas deportivas. Hoy hay muchas más mujeres en todos los ámbitos del deporte. “Aquellas que estuvimos al principio lo peleamos mucho para que ahora las que vienen detrás puedan estar ahí”.
El cambio también se nota en la grada. “Antes ibas al fútbol y casi todo eran hombres. Ahora estamos prácticamente a la par”. Le gusta verlo. “Mi hija va a los partidos con sus amigas, se cogen el coche y se van a ver fútbol. Eso antes era impensable”. Y lanza una idea clara: el fútbol ya no es solo un partido. “Es un fenómeno social”.
El regreso a casa
Después de más de treinta años en la Liga, la vida dio otra vuelta. Pilar regresó a Ceuta para incorporarse a la AD Ceuta FC. Para ella, no es solo un trabajo. “Es volver a casa”.
En el club se encarga de las relaciones institucionales, un puesto que exige anticiparse a todo. Desde coordinar la llegada de los equipos visitantes hasta solucionar cualquier imprevisto. “En la Liga aprendí que hay que ser resolutivo y rápido. Aquí es igual: hay que solucionar”.
Antes de cada partido, todo está previsto: hoteles, desplazamientos, comunicaciones, necesidades del club visitante. “Desde cosas tan pequeñas como quitar la itinerancia de datos hasta saber cómo está el tiempo o si vienen por Marruecos”. Cuando llegan a Ceuta, ella es quien les recibe. “Me pongo a su disposición para lo que necesiten”. El objetivo es claro: que se vayan con una buena imagen del club… y de la ciudad. “Porque el fútbol es la ventana de Ceuta al mundo”.
Un legado familiar
Pilar reconoce que su forma de trabajar tiene mucho que ver con su padre. “Era una persona muy positiva y decía que las cosas había que hacerlas bien”. Ese legado sigue presente.
Desde que volvió a Ceuta, dice vivir una montaña rusa de recuerdos. Muchos relacionados con la figura de Emilio Cózar. “Todo el mundo me cuenta alguna anécdota bonita de mi padre”.
Mientras tanto, su familia también se ha contagiado del momento que vive el club. “Mi madre ve todos los partidos. Mis amigos de Madrid siguen al Ceuta. Es un fenómeno”. Ella lo está disfrutando. “Estoy aprendiendo muchísimo. Yo venía de la oficina de la Liga y aquí estoy viviendo el día a día de un club”. Y lo dice sin rodeos. “Estoy muy contenta”.
Congreso de Mujeres
Pero echando la vista atrás, Pilar pone el foco en el germen que hoy hace que la mujer en el mundo del fútbol no sea algo anecdótico:
Hace diecisiete años, una iniciativa casi espontánea cambió para siempre la forma en que muchas mujeres del fútbol se relacionaban entre sí. Surgió en el Atlético de Madrid, impulsada por Angelines —una de las secretarias con más antigüedad del club, referente desde los años setenta— y por otras trabajadoras que, durante décadas, habían hablado por teléfono sin conocerse en persona. “Antes no había móviles ni redes sociales. Eran llamadas de ‘mi jefe quiere hablar con el tuyo’, ‘a esta reunión va este’… y no nos poníamos cara”, recuerda Pilar.
Aquel primer encuentro fue una cena en el Txistu, en Madrid. Lo que nadie imaginaba es que se convertiría en una tradición que ya suma diecisiete ediciones: el Congreso de Mujeres de Fútbol. Cada año, unas sesenta profesionales se reúnen en una ciudad distinta invitadas por un club, en un espacio exclusivamente femenino donde se habla de fútbol, de experiencias y de cómo ha cambiado el sector.
“Es muy bonito mirar atrás y ver que seguimos ahí. Muchas ya están jubiladas, otras se han incorporado nuevas… pero cada año somos más”, cuenta Pilar. En esas reuniones conviven mujeres de todas las edades y de todos los ámbitos: secretarias, gerentes, responsables de presidencia, directivas de clubes, la presidenta de la Mutualidad de Futbolistas, trabajadoras de federaciones y del Consejo Superior de Deportes. “Cada una aporta su experiencia, y eso ha abierto puertas a las que han llegado después”. Ceuta fue sede en una de las ediciones, un encuentro especialmente emotivo para Pilar.
En estos congresos coincidieron mujeres que han sido auténticos pilares del fútbol español: Montse, del Barça, María en el Málaga, María en el Espanyol, la propia Angelines en el Atlético de Madrid, Magdalena en el Rayo y en la Asociación de Futbolistas; Lola Romero, presidenta del Atlético de Madrid Femenino, María Vargas y muchas otras "que siguen asistiendo a los congresos. Espero no olvidarme de ninguna"… nombres que, para quienes empezaron después, eran casi míticos. “Para nosotras eran referentes. Era como decir: voy a conocer a esta, o a la otra. Y al final nos fuimos poniendo cara, creando vínculos. Llevamos muchos años juntas”. Pilar no quiere dejar fuera a ninguna de esas mujeres que pusieron cimientos con nombre de mujer en el mundo del fútbol a pico y pala cuando ni eran visibles ni lo pretendían.
Esos congresos, dice Pilar, han sido espacios de apoyo, de aprendizaje y de sororidad mucho antes de que la palabra se popularizara. “Ahora soy de las mayores, pero hace diecisiete años era de las jóvenes. Y todas hemos aprendido de todas”.
En un fútbol que durante décadas fue territorio masculino, Pilar Cózar lleva más de treinta años demostrando algo sencillo: que la profesionalidad no entiende de géneros, pero sí de trabajo. Y de carácter.