El CEIP Ramón y Cajal vuelve a ser noticia, esta vez con casco de obra y olor a cemento fresco. La consejera de Educación, Cultura y Juventud, Pilar Orozco, se ha pasado por el centro para ver cómo avanzan las actuaciones de emergencia que la Ciudad tuvo que poner en marcha a principios de año. No es una reforma cualquiera: son 2,2 millones de euros destinados a rescatar a uno de los colegios más veteranos de Ceuta, que lleva tiempo pidiendo cuidados.
La visita llega meses después del susto que obligó a cerrar el centro en septiembre: el falso techo de uno de los baños cedió y cayó. A partir de ahí, alarma, precinto y un estudio técnico que destapó lo que muchos intuían: el edificio arrastra problemas estructurales serios.
Los informes hablan claro. El forjado está deteriorado y las viguetas presentan oxidación. Nada sorprendente si se tiene en cuenta que el colegio se levantó en 1955 con materiales que hoy serían impensables: hormigón mezclado con arena sin cribar ni lavar, lo que ha disparado la salinidad y, con ella, la corrosión.
Las obras en marcha buscan frenar ese desgaste. Se están limpiando y saneando las vigas, reforzando la estructura y aplicando tratamientos anticorrosivos y contraincendios. También se aprovecha para renovar las zonas húmedas —las más castigadas por las conducciones de agua— y meter mano a instalaciones eléctricas, fontanería, pintura y hasta a la fachada.
Orozco ha recorrido pasillos y aulas vacías, convertidas ahora en un pequeño laberinto de puntales y maquinaria. La consejera ha podido ver de cerca cómo avanza una intervención que, más que una reforma, parece una operación a corazón abierto para que el Ramón y Cajal pueda volver a latir con normalidad.
El colegio más antiguo de la ciudad intenta así ganar tiempo y seguridad. Y mientras las obras siguen su curso.