El buque más moderno de la Guardia Civil, diseñado para combatir el narcotráfico y la inmigración irregular, se presenta en sociedad en el Muelle de España. Con cinco cubiertas, helipuerto, drones y capacidad para alojar a más de 50 tripulantes, Ceuta se convierte en puerto estratégico de vigilancia y rescate.
Atracado en el Muelle de España, con el sol ceutí reflejándose en su casco verde, el nuevo buque oceanográfico de la Guardia Civil, el 'Duque de Ahumada', no solo impone por su tamaño: interpela. A la ciudad, a sus aguas, a sus desafíos. Y también a su vocación de frontera, de vigilancia, de humanidad.
Este jueves, la delegada del Gobierno, Cristina Pérez y el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, encabezaron la visita institucional al buque, acompañados por mandos civiles y militares, como el consejero Nicola Cecchi o el presidente de la Autoridad Portuaria de Ceuta, Juan Manuel Doncel. No fue una mera cortesía: fue el reconocimiento de que Ceuta es, una vez más, escenario estratégico de las políticas marítimas del Estado.
Tecnología al servicio del control y el rescate
Botado el pasado 18 de septiembre en el astillero Armón de Vigo, el 'Duque de Ahumada' sustituye al veterano 'Río Miño' y se convierte en el buque más moderno y de mayor tamaño de la Benemérita. Su misión principal: reforzar el trabajo del Grupo Marítimo, combatir el narcotráfico y la inmigración irregular, y atender emergencias en alta mar.
Pero su equipamiento va más allá de lo operativo. Cinco cubiertas, helipuerto, drones de vigilancia, dos embarcaciones rígidas para intervenciones rápidas, gimnasio, enfermería con telemedicina conectada a Madrid, y un vehículo sumergible (ROV) capaz de descender hasta mil metros para inspecciones subacuáticas. Todo ello con capacidad para alojar a 56 tripulantes y hasta 100 náufragos.
Autonomía, soberanía y Europa
Con una autonomía superior a las 11.000 millas y capacidad para permanecer en el mar hasta 30 días sin tocar puerto, el buque no solo patrullará aguas nacionales. Su financiación comunitaria implica despliegues en misiones de Frontex durante cuatro meses al año, atendiendo compromisos en aguas de soberanía de otros países de la UE.
La Guardia Civil lo define como “un hito tecnológico de primer nivel”. Pero en Ceuta, su presencia también se lee como símbolo: de vigilancia, sí, pero también de responsabilidad compartida. De frontera viva. De ciudad que observa el mar no solo como amenaza, sino como espacio de rescate, de tránsito, de humanidad.
Ceuta, puerto de llegada y de relato
La llegada del 'Duque de Ahumada' no es solo una noticia institucional. Es una oportunidad para repensar el papel de Ceuta en las políticas marítimas, migratorias y de seguridad. ¿Cómo se narra la frontera desde un buque que puede alojar a náufragos, vigilar con drones y operar bajo el agua? ¿Qué relatos emergen desde sus cubiertas? Cada barco que atraca en nuestra ciudad trae consigo no solo tecnología, sino preguntas. Y en esas preguntas, también se juega el futuro de nuestra costa.