La lluvia, compañera silenciosa, quiso ser testigo de un adiós. El general de División Marcos Llago Navarro, con el corazón lleno de recuerdos, se despedía de Ceuta, de su vida castrense, de una etapa que había marcado su ser, “con entrega absoluta a todos vosotros”, señaló Llago durante su discurso. Más de 40 años de servicio, de entrega, de pasión, llegaban a su fin.
El destino, caprichoso, quiso que la lluvia impidiera la despedida en García Aldave, ese lugar que fue su primer hogar en Ceuta, allá por 2014. El Acuartelamiento de Otero, a cubierto, fue el escenario de una parada militar cargada de emoción, de sentimientos encontrados.
El general, con la mirada brillante, tal vez recordaba su llegada a Ceuta, su jura de bandera, su entrega del Aleo a la Virgen de África. Cada rincón de la ciudad guardaba un recuerdo, una vivencia. La ministra de Defensa, en su visita, anunciaba un nuevo proyecto para el general. Una nueva etapa, una nueva ventana que se abría. Pero, ¿cómo dejar atrás una vida dedicada al servicio? ¿Cómo despedirse de la Legión, de sus hombres, de esa familia que lo había acompañado en cada paso?
El general Llago, con la voz entrecortada, prometía ser el mejor embajador de Ceuta, esa ciudad que le había concedido la Medalla de la Autonomía 2024. Un honor, un compromiso, una responsabilidad que llevaría grabada en el alma. “La ciudad de Ceuta y su sociedad, quien nos ha acogido y es vanguardia de los valores que representa”.
La lluvia seguía cayendo, como si el cielo llorara la despedida de un hombre que había entregado su vida a su país, a su gente, a Ceuta. Un hombre que, a pesar del adiós, deja una huella imborrable en el corazón de todos los que tuvieron el privilegio de conocerlo. “Ayer, hoy y siempre, os tengo a todos presentes”, a los componentes de la 42 Promoción, para quien ha tenido unas palabras de especial cariño. “A todos ellos y en particular a los que os habéis trasladado hasta aquí”. No olvidó a su familia “y a los que ya no están con nosotros” quienes “no pueden sentir el frío del olvido o de la indiferencia”. Y cómo no, nombró a todos y cada uno de aquellos que han estado a su lado, “hasta el último soldado”. Especial recuerdo a los que perdieron su vida, como Nayra, Duzman, Galindo… y a todas las unidades a las que citó una a una.
Para concluir, y con la voz quebrada, el general de División y comandante general de Ceuta pidió a sus tropas: “Gritad conmigo en mi última acto como comandante general de Ceuta: Viva España, Viva el Rey, Viva la Comandancia General de Ceuta”.