El silencio en los pasillos del CEIP Ramón y Cajal contrasta con el bullicio habitual de sus más de 230 alumnos, repartidos ahora por distintos centros de la ciudad. La escena que lo cambió todo fue tan simple como contundente: un falso techo que se vino abajo en uno de los baños. Detrás de ese desprendimiento, los técnicos detectaron un riesgo mayor: el forjado podría estar comprometido en otras zonas del colegio.
Este martes, la consejera de Educación, Cultura y Juventud, Pilar Orozco, compareció para poner voz al desconcierto de las familias y marcar la hoja de ruta de lo que vendrá. “En primer lugar queremos mostrar nuestro pesar por la situación que están viviendo las familias, el personal docente y el resto de los servicios que prestan su servicio en el centro”.
Lo que vino después fue la confirmación de que la incertidumbre se prolongará. El edificio, construido en los años 50 y reformado en los forjados en 2004, será sometido a un estudio patológico urgente. “Quizás ese estudio no revele más allá de lo sucedido, pero ante la duda hay que actuar de la forma que los técnicos determinen, y es haciendo ese estudio patológico”, señaló Orozco.
La consejera insistió en que la investigación se tramitará por la vía de emergencia: “El estudio va a dilucidar el estado físico de la edificación en su totalidad y va a marcar las directrices a seguir, las decisiones a tomar”. Entre tanto, el colegio permanecerá desalojado y sin actividad.
Traslado contrarreloj
El cierre del Ramón y Cajal ha obligado a una mudanza improvisada. Muebles, material escolar y enseres van saliendo a del centro, trasladados por vehículos y personal de la Ciudad. “Desde el jueves pasado, se han trasladado con vehículos y personal de la Ciudad aquello que se ha requerido desde la dirección provincial y desde el propio centro. Hoy mismo se han continuado con traslados… Y en los próximos días, si se requieren más, se seguirá respondiendo con todos los medios disponibles”, detalló la consejera.
Para coordinar el proceso, Orozco anunció la creación de una mesa de seguimiento en la que estarán representadas todas las partes.
Tras su intervención, los periodistas dirigieron el foco hacia una de las cuestiones más repetidas en los últimos días: las críticas de familias y oposición sobre el estado del centro, que aseguran llevaba tiempo mostrando signos de deterioro.
La consejera explicó que el desprendimiento fue imposible de prever, ya que el baño afectado estaba cubierto por un falso techo que ocultaba el forjado, circunstancia que se repite en todo el colegio. Ni la dirección del centro ni las conversaciones mantenidas con ella apuntaban a que pudiera producirse un incidente de este tipo.
En cuanto a posibles advertencias previas, Orozco recordó que la consejería suele recibir solicitudes puntuales de la dirección escolar para resolver incidencias del día a día. En cada caso, los técnicos valoran si se trata de reparaciones menores, asumidas por la empresa de mantenimiento, o si es necesario un proyecto de mayor envergadura. Respecto a quejas de familias, la titular de Educación señaló que esas demandas suelen canalizarse a través de la dirección o de la FAMPA, y que la consejería actúa siempre bajo el mismo protocolo: enviar técnicos para evaluar y decidir la actuación correspondiente.
Afectación también al deporte escolar
El cierre del colegio no solo afecta a la actividad lectiva. Los equipos deportivos que entrenaban en sus instalaciones también se han visto obligados a detener su rutina. La consejería trabaja ahora junto a la Dirección Provincial y el ICD para encontrar espacios alternativos en otros centros donde puedan continuar con su actividad.
El caso del Ramón y Cajal ha encendido las alarmas sobre el estado de los centros escolares en Ceuta, donde 15 centros superan ya los 50 años de antigüedad. La pelota está ahora en el tejado de los técnicos, cuyo informe determinará si la caída del cascote fue un susto aislado o el síntoma de un problema estructural más profundo.