Un chaparrón en la mañana del domingo dejó en evidencia la fragilidad del sistema de drenaje de Ceuta. En la confluencia de la calle Enrique el Navegante con la avenida Martínez Catena, tanto el imbornal como la arqueta escupían agua en lugar de tragarla, convirtiendo la calzada en un improvisado estanque.
La escena se repitió este lunes en la confluencia de Cervantes con Ingenieros, donde una arqueta se transformó en fuente. Operarios de Africana de Contratas y Construcciones (ACC), concesionaria del servicio de limpieza de la red de pluviales, trabajaban allí en labores de mantenimiento.
La red de imbornales de Ceuta, integrada por unos 10.000 sumideros, conecta con un alcantarillado municipal que suma cinco kilómetros de galerías visitables y 90 kilómetros de tuberías de entre 20 y 40 centímetros de diámetro. A ello se añaden 25.000 metros de conducciones de 50 centímetros, un kilómetro de 80 y apenas 300 metros que alcanzan el metro y medio.
En 2022, ACEMSA adjudicó a ACC la renovación y mantenimiento de la red de saneamiento, Estaciones de impulsión de Aguas Residuales y Fuentes Ornamentales, con un contrato de 9,5 millones de euros para cuatro años prorrogables. Los pliegos obligan a la empresa a ejecutar dos acciones clave para garantizar “el correcto funcionamiento de los drenajes superficiales”.
La realidad es que, sin una limpieza sistemática de los imbornales, cada chaparrón amenaza con convertir las calles en ríos. La ciudad necesita que la concesionaria cumpla con rigor su compromiso: que los sumideros traguen agua, no la escupan.