Bancos rotos, sin respaldo, con travesaños sueltos o directamente inservibles. Esa es la estampa que acompaña a los vecinos desde Tejar de Ingenieros hasta Benzú, pasando por Juan Carlos I, El Príncipe, Recinto o Hadú.
Uno de ellos, que camina con muleta, lo dice sin rodeos: no encuentra dónde sentarse. Y si lo intenta, se arriesga. “Con los bancos así, no hay forma de descansar. Y si te atreves, es bajo tu propio riesgo”, asegura.
En una carta remitida a este medio, lanza una pregunta directa al presidente de la Ciudad, Juan Vivas: “¿Qué pasa con el servicio de reposición y reforma del mobiliario urbano de nuestras plazoletas?”
Su denuncia no es una excepción. Va en la misma línea de lo que vienen reclamando vecinos de otras zonas como Huerta Téllez o Fuerte Terrones. Se quejan de la falta de limpieza, del desbroce que no llega, de la ausencia de parques infantiles y de la inexistencia de zonas de descanso para mayores y no tan mayores.
Este vecino habla de abandono, de promesas incumplidas y de una realidad que se ha vuelto costumbre. “Nos venden la moto con presupuestos para limpiezas, baldeos y reformas de parques y bancos, pero en las barriadas seguimos igual. Es de vergüenza”, lamenta.
Asegura sentirse engañado por los anuncios institucionales que, según dice, no se traducen en mejoras reales.
Y lanza un mensaje final: “Hago un llamamiento a quien corresponda, pero sobre todo a la Ciudad. Que dejen de olvidarse de la periferia. Que las empresas municipales como Obimace o Servilimce se lleguen a las barriadas y vean con sus propios ojos cómo estamos”.