El precedente entre la AD Ceuta FC y el Cádiz CF, que hoy se reencuentran en el Alfonso Murube, dejó una imagen nítida: este Ceuta no viaja para sobrevivir, sino para competir. El 0-0 firmado el pasado 28 de septiembre de 2025 en el Nuevo Mirandilla fue mucho más que un empate. Fue una declaración de intenciones.
En un escenario de peso y ante un rival que llegaba invicto y lanzado hacia el liderato, el conjunto caballa mostró una versión valiente, incómoda y, por momentos, superior. Lejos de replegarse, el Ceuta presionó alto, atacó con decisión y convirtió el partido en un intercambio de golpes desde el primer minuto.
Un Ceuta sin complejos en el Mirandilla
El arranque fue toda una declaración de intenciones. El equipo de José Juan Romero salió a morder, generando peligro desde los primeros compases y obligando al Cádiz a jugar incómodo. Marcos Fernández y Aissar protagonizaron las primeras llegadas claras, mientras que Guille Vallejo respondía con solvencia bajo palos.
El partido entró pronto en un ritmo eléctrico, con llegadas en ambas áreas, pero con un Ceuta más atrevido, más vertical y con mayor claridad en los metros finales. Antes del descanso, los caballas acumularon ocasiones suficientes como para haber abierto el marcador, con Marcos Fernández como principal referencia ofensiva.
El 0-0 al intermedio no reflejaba lo visto sobre el césped: el Ceuta había sido mejor y había conseguido desactivar a un Cádiz que no encontraba fluidez.
Reacción gaditana y resistencia caballa
Tras el paso por vestuarios, el guion cambió. El Cádiz dio un paso al frente y comenzó a inclinar el campo hacia el área ceutí. Suso, Diarra y Ortuño pusieron a prueba a Vallejo en varias acciones consecutivas, obligando al Ceuta a resistir.
Romero movió el banquillo en busca de oxígeno, pero el equipo perdió parte de la chispa ofensiva de la primera mitad. Aun así, mantuvo el orden, la concentración y la capacidad de competir en un contexto más adverso.
El Cádiz empujaba, pero sin la claridad necesaria. Sus llegadas se diluían entre fueras de juego y decisiones precipitadas, mientras el Ceuta se sostenía con oficio.
La ocasión que pudo cambiarlo todo
Cuando el partido parecía abocado al empate, el Ceuta tuvo la última palabra. En el minuto 86, un balón parado terminó en un cabezazo a bocajarro de Carlos Hernández que ya se cantaba como gol. Sin embargo, Aznar apareció con una intervención milagrosa para evitar el tanto.
Fue la acción que definió el partido: el Ceuta rozó la victoria en uno de los escenarios más exigentes de la categoría.
Un punto que reforzó el mensaje
El empate dejó sensaciones muy distintas en ambos lados. Para el Cádiz, la oportunidad perdida de asaltar el liderato. Para el Ceuta, la confirmación de que podía competir de tú a tú ante cualquiera.
Aquel partido no solo sumó un punto en la clasificación. Consolidó una identidad. La de un equipo que no se encoge, que propone y que, incluso lejos del Murube, es capaz de dominar tramos del juego.