El enfrentamiento de la primera vuelta entre la AD Ceuta FC y el Leganés no fue un partido más. El Alfonso Murube volvía a latir tras una semana de duelo por el fallecimiento de Manolo Carreto, en un ambiente cargado de respeto y recogimiento.
Minuto de silencio, aplausos interminables y un homenaje sencillo pero profundamente simbólico marcaron la previa. El estadio, en pie, respondió como debía. Y desde ahí, el fútbol retomó su curso.
Dominio sin pegada: el guion que se repite
El Ceuta asumió el control desde el inicio. Tuvo balón, intención y tramos de dominio, especialmente en la primera mitad. Pero volvió a aparecer el mismo déficit que ha condicionado varios partidos: la falta de eficacia en los metros finales.
El primer aviso fue visitante, con un disparo lejano de Naim García en el minuto 5. El Ceuta respondió con una ocasión de Konrad de la Fuente en el 23’, pero sin encontrar portería con claridad.
El partido cambió en apenas unos minutos. En el 29’, Juan Cruz estrelló un balón en el poste y, en la siguiente acción, Rubén Peña aprovechó un rechace para firmar el 0-1. El Murube pasó del impulso al silencio.
Antes del descanso, el equipo de José Juan Romero lo intentó con Matos y Kuki Zalazar, pero sin alterar el marcador.
El golpe definitivo tras el descanso
La segunda parte arrancó con un nuevo aviso del Leganés, que anticipaba lo que estaba por llegar. En el 51’, un contraataque bien ejecutado terminó con el 0-2 de Diawara, un golpe que condicionó definitivamente el encuentro.
Romero movió el banquillo en busca de reacción. La entrada de Cristian Rodríguez y Koné aportó dinamismo y profundidad, y el Ceuta encontró sus mejores minutos. Rubén Díez tuvo el 1-2 en el 61’, pero su remate se marchó fuera por centímetros.
Carlos Hernández rozó el gol de cabeza en el 70’ y los cambios ofensivos —Bodiger, Manu Vallejo y Ortuño— evidenciaron la apuesta total por recortar distancias.
Mucho empuje, pero tarde
El Ceuta encerró al Leganés en su área en el tramo final, acumulando centros, saques de esquina y segundas jugadas. Pero la defensa visitante resistió con oficio, ralentizando el ritmo y cerrando espacios.
Cristian Rodríguez logró recortar distancias en el añadido, firmando el único tanto local, pero el tiempo ya era insuficiente.
El Murube despidió al equipo entre aplausos contenidos: reconocimiento al esfuerzo, pero también la sensación de una oportunidad que volvió a escaparse. Un patrón que se repitió: dominio sin premio y eficacia rival.
