El Alfonso Murube viajó en el tiempo… pero el marcador se quedó anclado en el presente. Ni la estética retro, ni el balón de otra época, ni el aroma a fútbol clásico sirvieron para romper un empate sin goles entre Ceuta y Real Sociedad B que dejó más sensaciones que aciertos.
Una tarde distinta en el Alfonso Murube
La jornada 35 de LaLiga Hypermotion aterrizó en Ceuta con una puesta en escena poco habitual. La iniciativa “Un legado muy vivo”, impulsada por LALIGA dentro de su campaña “42 legados, 42 formas de ganar”, convirtió el partido en una cápsula nostálgica: camisetas de otro tiempo, árbitros a juego y hasta un balón que parecía sacado de un álbum antiguo. En ese contexto simbólico, fue María Romero, referente del deporte caballa, quien dio el saque de honor antes de un minuto de silencio que silenció el estadio antes de la batalla.
Una batalla sin tregua
Porque lo que vino después fue eso: una batalla sin tregua, aunque sin premio.
José Juan Romero volvió a mover ficha desde el inicio con una decisión que ya no sorprende: Guille Vallejo regresaba a la portería en ese pulso constante bajo palos que mantiene con Pedro López. Y no tardó en tener trabajo. La Real Sociedad B salió sin complejos, con esa velocidad y descaro que la caracteriza, y puso a prueba al Ceuta desde muy pronto. Un doble intento de Arkaitz Mariezkurrena que terminó estrellándose en el palo fue el primer aviso serio de un Sanse que jugaba con espacios y sin miedo.
El Ceuta respondió con esfuerzo
El Ceuta respondió a su manera: intensidad, segundas jugadas y un Bassinga omnipresente, capaz de intentar un disparo… y segundos después aparecer en su propia área para salvar una contra rival. El Murube aplaudía el esfuerzo, aunque el gol seguía resistiéndose. Ni la chilena acrobática de Marcos Fernández ni los intentos lejanos de Illescas o Matos lograban inquietar de verdad a un partido que se movía en el alambre.
Un empate que ya se intuía al descanso
Antes del descanso, el guion no cambió. La Real seguía encontrando grietas, obligando a intervenir a Vallejo y viendo cómo Diego González salvaba bajo palos lo que ya parecía gol. El 0-0 al descanso no era casualidad: era el reflejo de dos equipos que se buscaban, pero no se encontraban.
Más cambios, mismo destino
Tras el paso por vestuarios, Romero agitó el árbol con la entrada de Konrad de la Fuente. Más verticalidad, más desborde… pero el partido seguía jugando a lo mismo: ocasiones que nacían y morían sin red. El Sanse tuvo otra clara con Unax Ayo rozando la escuadra, y volvió a exigir a Vallejo con disparos a bocajarro. El Ceuta, por su parte, lo intentaba con centros, con remates forzados, con disparos lejanos… pero sin precisión.
El carrusel de cambios tampoco alteró el destino del encuentro. Campaña, Domenech… piernas frescas para un tramo final en el que ambos equipos parecieron aceptar el intercambio de golpes. Y ahí, en ese ida y vuelta sin control, llegaron las últimas opciones: un remate de Marcos que no encontró portería, una intervención del meta visitante a disparo de Illescas, y ya en el añadido, un cabezazo de Youness Lachhab que se topó con la última frontera.
Ni el fútbol retro rescató el gol
Ni siquiera en el descuento quiso romperse el equilibrio. El Ceuta suma, y con un punto encara la recta final de la temporada con la tranquilidad de estar en mitad de la tabla y con el objetivo de la salvación casi cumpldo. La Real Sociedad B, por su parte, se marcha con la sensación de haber estado más cerca. Y el Murube, que por un día miró al pasado, se quedó esperando un gol que nunca llegó. Porque a veces, ni siquiera el fútbol retro puede rescatar lo único que de verdad importa: el gol.