La Cultural Leonesa sigue sin reconciliarse con su afición. El Reino de León volvió a quedarse sin victoria —ya van casi seis meses— y el Ceuta, con su oficio y su pegada, volvió a demostrar por qué es el equipo más en forma en esta fase del campeonato. Un penalti transformado por Rubén Díez en el minuto 12 bastó para sellar el triunfo caballa y prolongar la racha: ocho jornadas sin perder, seis porterías a cero consecutivas y una sensación cada vez más firme de solidez y madurez.
El duelo, correspondiente a la jornada 11 de LaLiga Hypermotion, enfrentaba a dos campeones recientes de Primera RFEF. En el descanso, la directiva leonesa entregó a Edu Villegas, director deportivo del Ceuta, un lote de vinos como gesto de cortesía. Pero el partido, desde el pitido inicial, fue cualquier cosa menos amable.
La Cultu salió con hambre, dominando la posesión y el ritmo. En apenas ocho minutos ya había probado a Guille Vallejo, que respondió como lo hace últimamente: con seguridad y reflejos. El guardameta caballa, decisivo, sostuvo al equipo durante toda la primera mitad. Ni Diallo, ni Thiago Ojeda, ni Chacón, que estrelló un disparo en el larguero, lograron perforar su portería.
El Ceuta, en cambio, necesitó muy poco para hacer daño. Una internada de Konrad por la izquierda forzó un penalti de Thiago Ojeda que Rubén Díez transformó con frialdad. Gol, ventaja y otro ejemplo del manual de José Juan Romero: defender con orden, golpear con precisión y no perder la cabeza.
La segunda parte mantuvo el mismo guion. La Cultural empujó, monopolizó la posesión y acumuló centros y disparos lejanos. Pero el Ceuta resistió sin fisuras, con una defensa que apenas concedió segundas jugadas y un Vallejo que, otra vez, fue el muro de siempre. Paró remates de Rodri Suárez, blocó centros venenosos de Calero y desesperó a la grada.
Romero movió el banquillo con criterio, reforzó el medio campo y apuntaló la zaga con Capa en el tramo final. El Ceuta renunció a la posesión, pero no al control. Cada robo, cada despeje y cada segundo ganado alimentaban la sensación de un equipo que sabe sufrir y que ya no depende solo del brillo ofensivo.
Cuando el árbitro Pérez Hernández señaló el final, los jugadores caballas se abrazaron sabiendo lo que habían conseguido: ganar en uno de los campos más complicados de la categoría, mantener la portería a cero y confirmar que este Ceuta tiene más alma que vértigo.
La Cultural, pese a su dominio, se marchó frustrada. El Reino volvió a quedarse sin festejar y los de Cuco Ziganda suman una nueva decepción ante su público.
El Ceuta, en cambio, sigue lanzado. Gana, convence y contagia. Y lo hace con la humildad de quien entiende que la racha no se alimenta de suerte, sino de trabajo.