A las 12.13 horas de este jueves, las manos de Nacho Gaitán tocaron las tres piedras de la playa de Benzú. Era el final de una travesía que empezó en la Isla de Tarifa y que tardó en completar 4 horas, 42 minutos y 14 segundos. Pero el nadador ceutí llevaba años preparándose para este momento. Y no era solo un reto personal: era un gesto solidario en favor de los niños con distrofia muscular de Duchenne.
El mar de poniente acompañó una gesta que tuvo más de corazón que de músculo. Porque Nacho nadó por ellos, por los pequeños que conviven con una enfermedad genética que roba movilidad, calidad de vida y esperanza. Y lo hizo para dar visibilidad y recaudar fondos para Duchenne Parent Project España.
La jornada arrancó temprano. A las 6.58 horas, minutos antes de lanzarse al agua, escribió en su grupo de WhatsApp: “Hay que seguir”. Después, silencio. El mensaje quedó en manos de su equipo, mientras él se entregaba al mar, al reto y a la causa
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A las 7.30 se produjo la salida. Agua fría, tensión contenida y un objetivo claro: llegar a Ceuta. En apenas 45 minutos ya llevaba 3,4 kilómetros. Una hora después, 4,8. En 85 minutos, sumaba 6,5. Y cuando alcanzó los 8 kilómetros, hizo su única parada: quince segundos para hidratarse y seguir adelante.
El relato casi en directo llegaba desde las embarcaciones de apoyo, 'Columba' y 'Duende del Mar', que lo escoltaban a cada brazada. Cuando llevaba dos horas y cuarto ya había recorrido 10,9 kilómetros. Una hora más tarde, 16. A las 11.20, con tres horas y cincuenta minutos de travesía, bordeaba la Isla del Perejil. A las 11.39, alcanzaba Punta Leona. Solo dos kilómetros le separaban de su sueño.
A mediodía, Nacho entraba en aguas ceutíes. A las 12.13, cumplía su promesa. No pudo pisar la arena por motivos logísticos, pero tocó tierra. Y lo hizo con el corazón. Lo subieron al barco y lo llevaron al puerto deportivo, donde le esperaban abrazos, lágrimas y una ciudad entera rendida a su esfuerzo.
“Desde que en 2008 vi a David Meca hacer su triple cruce, supe que quería intentarlo algún día. Pero hacerlo por Duchenne, sin buscar nada a cambio, solo la experiencia y la esperanza de ayudar, es lo que me empujó del todo”, confesaba Nacho antes de lanzarse al Estrecho.
La distrofia muscular de Duchenne afecta a uno de cada 5.000 niños. Es una enfermedad degenerativa que deteriora los músculos y reduce drásticamente la autonomía. La organización Duchenne Parent Project España lucha para mejorar la vida de los afectados y financiar investigaciones que permitan un día frenar o curar esta dolencia.
El cruce de Nacho Gaitán ha sido algo más que una hazaña deportiva. Ha sido un grito de solidaridad en medio del mar. Un gesto que ha unido a decenas de personas en torno a una causa invisible. Un homenaje silencioso —pero poderoso— a los niños que luchan, a las familias que no se rinden y a los sueños que se persiguen con el alma.
Ceuta no ha recibido solo a un nadador. Ha recibido a un símbolo.