El arbitraje de Pérez Hernández en el Mirandés–Ceuta dejó una sensación de desconcierto difícil de pasar por alto. La actuación del colegiado no estuvo marcada por errores de gravedad, pero sí por decisiones incoherentes que terminaron condicionando el desarrollo del encuentro y alimentando la frustración del conjunto caballa. No es la primera vez que el árbitro madrileño deja al Ceuta con un jugador menos.
Una amarilla inexplicable en pleno cambio
El episodio más llamativo llegó en el minuto 74, cuando Aisar Ahmed se disponía a abandonar el terreno de juego para ser sustituido. Según el acta, el árbitro le mostró la primera amarilla por “hacer caso omiso de una de mis indicaciones, retrasando la salida del terreno de juego en una sustitución y con ánimo de perder tiempo”. Apenas unos segundos después, ya fuera del campo, Aisar realizó un gesto de desaprobación con el brazo, lo que Pérez Hernández interpretó como una acción de desconsideración hacia su persona. Resultado: segunda amarilla y expulsión.
La incoherencia es evidente. Si el colegiado consideraba que el jugador estaba perdiendo tiempo, la lógica arbitral exige que ese retraso se compense en el añadido. Sin embargo, la gestión posterior del tiempo extra contradijo por completo esa premisa.
Solo cuatro minutos de añadido: un desajuste evidente
El árbitro decidió añadir únicamente cuatro minutos al final del encuentro. Una cifra difícil de justificar si se tiene en cuenta:
- El tiempo consumido en la sustitución de Aisar.
- La interrupción generada por la doble amonestación y posterior expulsión.
- Las pérdidas de tiempo acumuladas durante la segunda parte, señaladas incluso en el propio acta.
En cualquier partido profesional, una expulsión por doble amarilla suele implicar una pausa prolongada: protestas, las explicaciones que el propio árbitro daba al técnico del Ceuuta… Todo ello suma. Y, sin embargo, nada de eso se reflejó en el cronómetro final.
El contraste entre la severidad mostrada hacia Aisar —amonestado primero por tardar en salir cuando se estaba sacando las espinilleras y después por un gesto— y la escasa compensación temporal resulta difícil de entender. Si el árbitro consideró que el jugador estaba ralentizando el juego, ¿cómo es posible que el tiempo añadido no reflejara esa supuesta pérdida?
Un criterio irregular que marcó el partido
Más allá de la expulsión, el arbitraje de Pérez Hernández se caracterizó por un criterio irregular y un control del partido que por momentos se diluyó. No hubo errores determinantes, pero sí decisiones que generaron desconcierto tanto en los banquillos como en la grada.
La sensación final es que el colegiado aplicó un rasero estricto en unas acciones y sorprendentemente laxo en otras, especialmente en la gestión del tiempo. Y en un encuentro tan disputado, esa falta de coherencia termina pesando. Pero el Ceuta ya tenía un precedente con este colegiado.
En el partido de ida de los playoff por el ascenso en junio de 2024, el madrileño expulsó a Cristian con roja directa en una jugada que solo el colegiado vio una agresión, todo y que estaba a menos de un metro de la jugada, curiosamente fue en el mismo minuto, en el 74'.
