Lo que ocurre en torno al fútbol, especialmente en las redes sociales, hace tiempo que dejó de ser deporte para convertirse en un circo donde todo parece tener cabida. La bronca constante, el insulto gratuito y la descalificación se han normalizado hasta el punto de calentar partidos días —incluso semanas— antes de que se jueguen. Y lo que empieza en la red, acaba muchas veces en la grada. O en la calle.
Que se lo digan a la AD Ceuta, que ha vivido en sus propias carnes dos temporadas consecutivas marcadas por el mismo patrón cada vez que visita el Enrique Roca de Murcia. Con los antecedentes frescos de la pasada campaña —cuando Antiviolencia sancionó a dos aficionados del Real Murcia por insultos racistas—, el Consejo Superior de Deportes no dudó en declarar de “alto riesgo” el encuentro. Pero ni el refuerzo policial ni la etiqueta preventiva fueron suficientes para contener la furia de los energúmenos de siempre.
El autobús del Ceuta fue recibido al grito de "puta Ceuta" y a botellazo y huevazo limpio —y algún petardo—. Una 'bienvenida' infame, mientras el vehículo cruzaba la zona del centro comercial Nueva Condomina. Insultos, amenazas y la habitual escenificación de la testosterona mal entendida. Una escena repetida que, lejos de ser anecdótica, empieza a ser sistemática. Y peligrosa.
Porque no vale escudarse en que fueron "cuatro tontos". No lo fueron. Ni eran cuatro, ni eran tan tontos. Fueron los suficientes como para dejar otra vez en evidencia a una afición que, en líneas generales, respondió con nota. El Enrique Roca se llenó hasta la bandera. Treinta mil almas rugieron con su equipo, lo empujaron cuando más lo necesitaba y sostuvieron el partido con una fe inquebrantable. Pero todo eso quedó manchado por los de siempre. Los que no animan, los que no entienden el fútbol, los que solo saben odiar.
Y mientras tanto, silencio. Silencio de los clubes, que se sacuden la responsabilidad con comunicados tibios y gestos vacíos. Silencio también de las autoridades, que no siempre actúan con la contundencia que el momento exige. ¿Tan difícil es identificar a los agresores? ¿Tan complicado resulta que alguien les pida la filiación y se les sancione con el peso que corresponde? ¿Cuántos episodios más harán falta para que se entienda que la violencia verbal es solo el prólogo de la física?
🥇🆚 @realmurciacfsad y @ADCeuta_FC se juegan el liderato en el G2 de @Primera_RFEF
— El Partidazo de COPE (@partidazocope) April 12, 2025
🥚😂 Y en Murcia han recibido 'a huevazos' al autobús del Ceuta
📹 @RMUCampeon
📻 #PartidazoCOPEpic.twitter.com/kbhRhvFrkn
Pero, para más inri, hay que sumar que a cierta prensa nacional le hace gracia que el Ceuta sea recibido con un lanzamiento de objetos e improperios. Así lo hicieron desde el Partidazo de la Cope de Juanma Castaño, con un emoji sonriente incluido: "🥚😂 Y en Murcia han recibido 'a huevazos' al autobús del Ceuta". Es para hacérselo mirar.
El fútbol español arrastra una mancha cada vez más difícil de disimular. Y ya es hora de que dejemos de mirar hacia otro lado. Porque la violencia no solo es contagiosa, también es un lastre que arruina el alma del deporte.