El ascenso de la AD Ceuta FC ha traspasado fronteras. No solo deportivas. También políticas, sociales e incluso identitarias. Así lo ha verbalizado Juan Vivas en su paso por los estudios de la Cadena SER en Gran Vía, donde, junto a Luhay Hamido, ha puesto palabras a lo que en Ceuta ya se vive como algo más que fútbol.
El contexto lo marcaba Manu Carreño al inicio de la entrevista: una progresión meteórica desde Tercera División hasta el fútbol profesional en apenas cuatro temporadas, culminada con el regreso a Segunda División 45 años después. Una narrativa que el propio Vivas no dudó en calificar como extraordinaria.
De hecho, al ser preguntado por el secreto de su longevidad política, el presidente lo dejó claro, sin rodeos: “Es más fácil estar 25 años de presidente que hacer lo que ha hecho el Ceuta”, una afirmación que no solo subraya la dimensión deportiva del logro, sino que lo sitúa en una escala de dificultad que trasciende lo institucional.
Porque para Vivas, el ascenso no se mide únicamente en resultados. Se mide en impacto. En emoción. En lo que ha sido capaz de generar en la ciudadanía. “Lo que ha hecho Ceuta es una hazaña difícilmente igualable”, insistía, poniendo el foco en algo que considera aún más relevante que la propia gesta: “le ha transmitido al corazón de los ceutíes ilusión, confianza, ánimo, ganas, orgullo, amor propio”.
Ese es, en su lectura, el verdadero valor del equipo. Especialmente en un territorio con singularidades como Ceuta: extrapeninsular, de reducida superficie, con retos estructurales constantes y con una condición geopolítica única como frontera terrestre de Europa en África. En ese contexto, el éxito del Ceuta adquiere una dimensión distinta.
Vivas lo define como “el fenómeno sociológico de más impacto que ha vivido Ceuta en muchísimo tiempo”, elevando el papel del club a catalizador emocional de toda una ciudad. Un espacio común que, según describe, se materializa cada fin de semana en el Alfonso Murube, convertido en símbolo de unidad: “en el Murube nos juntamos todos”.
Ahí es donde el presidente conecta fútbol y convivencia. Porque si hay un relato que Vivas quiere proyectar es el de una ciudad cohesionada. “Ceuta es un crisol de culturas”, recuerda, destacando que en la ciudad conviven en paz cuatro comunidades que, en sus palabras, son “cuatro partes de un mismo corazón”. Y ese espíritu, sostiene, se traslada al estadio y, desde ahí, al resto del país.
El equipo, por tanto, no solo compite. Representa. Explica. Proyecta una imagen. “Lo transmite al resto de España a través del fútbol”, afirma Vivas, consciente del escaparate que supone el regreso al fútbol profesional.
En ese reconocimiento público, el presidente quiso cerrar su intervención con un agradecimiento explícito a los responsables del éxito: “darle las gracias al presidente del Ceuta, al entrenador, a todos los que están haciendo posible este sueño”, en una intervención que refuerza la idea de proyecto colectivo.
Porque, en última instancia, ese es el mensaje que deja Vivas: que lo logrado por la AD Ceuta FC no es solo un ascenso. Es una demostración. Que juntos, insiste, “no existen sueños imposibles ni metas inalcanzables”.