Mientras Ceuta vive instalada en la euforia del regreso al fútbol profesional, Luhay Hamido pisa el freno. No hay celebración completa. No todavía. El presidente del AD Ceuta FC se mueve en otro plano, uno donde el éxito no se mide en ascensos, sino en estabilidad.
“Yo no disfruto. Solo cuando se gana”, confesaba en El Larguero, en una intervención que desmonta cualquier imagen de triunfalismo. Hamido no niega la satisfacción, pero la matiza con una exigencia casi obsesiva: “No estoy disfrutando hasta que la categoría no esté salvada”. El objetivo, por tanto, no es el logro alcanzado, sino el que aún queda por consolidar.
Ese discurso conecta directamente con la trayectoria reciente del club, marcada por una escalada tan rápida como exigente. El propio presidente repasaba ese camino como una sucesión casi sin respiro: ascensos, permanencias límite, playoffs… y de nuevo a empezar. “No nos ha dado tiempo a disfrutar porque ha sido acabar y ponerte a trabajar”, explicaba, dejando una idea que resume su modelo: continuidad sin pausa. “Bendito problema que no me haya dado tiempo”.
Pero detrás de esa dinámica hay algo más que inercia competitiva. Hay método. Uno que Luhay define con precisión casi empresarial y que ha sido clave en la transformación del club. Todo parte, según relata, de un diagnóstico inicial duro: “Cuando yo cojo el equipo… la gente no cobraba al día, estábamos en Tercera y la ciudad estaba resabiada de fútbol”.
A partir de ahí, una hoja de ruta clara: distinguir entre lo que se puede controlar y lo que no. “Te centras en lo que controlas: la gestión, que no haya déficit, que la gente cobre el día”, explicaba. Un principio que derivó en lo que él mismo denomina el “método caja”, basado en una idea simple pero poco habitual en el fútbol: equilibrio financiero y priorización absoluta del rendimiento deportivo.
“No darle golpes a la caja, volcar absolutamente todo en la plantilla y en el cuerpo técnico y ser austeros en la estructura”, resumía. Menos personal, pero mejor pagado y más implicado. “Les pago bien antes de que se les seque el sudor… y se convierten en un centro de beneficio”, añadía, trasladando conceptos empresariales a la gestión de un club que hoy compite en el fútbol profesional.
Ese control económico se combina con una planificación milimétrica: gasto mensual ajustado, ahorro sistemático y reinversión para ampliar el límite salarial. Un modelo que, según Luhay, sería exponencial en clubes de mayor dimensión: “Si esto lo hace el Madrid o el Barça tendrían 500 millones”.
Sin embargo, el propio Manu Carreño introduce el matiz clave: la gestión no lo es todo. “Luego la pelotita tiene que entrar”, desliza, reconociendo que el fútbol sigue teniendo un componente imprevisible que ningún método puede controlar del todo.
Su historia personal también explica parte de ese enfoque. Desde su paso por Gran Hermano 5 —“fui a acompañar a una amiga y me vi dentro”— hasta su regreso a Ceuta tras el accidente de su padre, el recorrido de Hamido no estaba destinado al fútbol. “Surgió la oportunidad de hacerme con el club… y ahí empezó todo”, relataba.
Y desde ese punto, una idea ha vertebrado todo el proyecto: el colectivo. “Si quieres salir del barro te tienes que meter en el barro totalmente”, afirmaba, defendiendo un modelo de club en el que todos participan: institución, afición y estructura deportiva.
En ese engranaje, el presidente no duda en señalar nombres propios. Desde el respaldo institucional hasta la parcela deportiva, donde sitúa una de las claves del éxito: “Si tienes a Edu Villegas y a José Juan Romero… lo único que tienes que hacer es darles las herramientas y dejarles trabajar”.
Ahí está, quizá, la síntesis del Ceuta actual: un club que ha crecido desde la gestión, pero que se sostiene desde el césped. Y un presidente que, incluso en el momento más alto de su historia reciente, sigue sin permitirse disfrutar del todo.