Francisco Galán, presidente de la asociación del mercado de abastos, observa la situación con cautela. "De eso no se ha visto nada aún", asegura con una mezcla de escepticismo y prudencia. Su reflexión parte de la experiencia: si la frontera vuelve a operar como lo hacía en el pasado, el comercio podría recibir un gran impulso. "Traer directamente el pescado de Marruecos lo abarataría mucho más, ya que ahora procede desde Málaga, donde antes ha tenido que hacer otra escala desde Marruecos. Con todos los gastos que ello implica, el producto se encarece demasiado", explica.
En este punto, Said, propietario de una de las pescaderías del mercado, coincide plenamente. "Sería mucho más barato", afirma sin dudar. "Date cuenta de que los boquerones de Marruecos venían a 4 o 5 euros y ahora, al llegar desde la península, vienen a 8 euros". El problema no es solo el transporte, sino la acumulación de costes añadidos. "El trayecto no requiere más de un día, por lo que la calidad del pescado se mantiene, pero en términos de precio es muy perjudicial para el comercio", señala Said. Esta situación no solo afecta a los comerciantes, sino también a los clientes: "Antes la gente se llevaba un kilo porque estaba barato, ahora solo medio kilo".
El sector de la frutería tampoco es ajeno a estos problemas. África, una de las vendedoras del mercado, sostiene que la importación de ciertas frutas desde Marruecos aliviaría la economía local. "Algunas cosas, como la sandía o las ciruelas, siempre las hemos traído y ayudaba a que los precios fueran más bajos. Dejar traer fruta del verano será siempre más barato que comprar en la península", argumenta. Y, al igual que en la pescadería, esto se traduciría en un mayor volumen de compra por parte de los clientes: "La gente compraría más, en vez de medio kilo, se llevarían un kilo".
El mercado, un espacio que pide renovación
Más allá de la incertidumbre sobre la aduana, el estado del mercado de abastos es otro de los grandes temas de conversación entre los comerciantes. La estructura, con sus dos alturas y su evidente desgaste, dificulta la experiencia de compra y genera una sensación de abandono. "Necesitamos una gran reforma, que el mercado se convierta en un espacio más moderno, adaptado a estos tiempos", reclama Francisco Galán.
En su opinión, el modelo a seguir podría ser el del mercado de abastos de Cádiz capital, que ha sabido evolucionar combinando la venta de productos frescos con pequeños puestos de comida preparada. Esta fórmula ha revitalizado el comercio y atraído a un mayor número de clientes, algo que, según Galán, Ceuta debería considerar.
Carmen, dueña de la floristería, comparte esta preocupación, aunque su negocio tiene particularidades propias. En vísperas de San Valentín, su tienda está repleta de pedidos, pero reconoce que la caída de afluencia en el mercado se nota. "Tengo una clientela fiel, pero el mercado necesita cambios", admite. Su producto, al ser más bien un capricho que una necesidad diaria, no se ve tan afectado como otros sectores, pero siente que la falta de modernización del mercado influye en el tráfico de clientes.
Los comerciantes del mercado de abastos tienen claro lo que necesitan: una frontera operativa que les permita importar productos a precios competitivos y un espacio de trabajo renovado que atraiga a más compradores. Mientras esperan respuestas sobre la aduana comercial, su otra demanda es más inmediata: un mercado acorde a las necesidades del siglo XXI.