Diciembre ya lo insinuó, enero lo confirmó y febrero directamente lo refuerza: este invierno viene en modo borrascas encadenadas. Harry abrió la puerta, Ingrid la mantuvo abierta, Joseph terminó de zarandear la ciudad y, cuando aún seguíamos recogiendo lo que dejó Kristin —que cerró el puerto dos días y descargó litros de lluvia como si no hubiera mañana—, llega otro nombre propio dispuesto a sumarse a la lista.
Ahora es Leonardo quien llama a la ventana, y no precisamente para saludar. Este lunes ya ha dejado más de 33 litros por metro cuadrado y rachas que han superado los 70 km/h. Y lo peor no ha pasado.
Aviso naranja: viento y mar revueltos
La AEMET activa aviso naranja por viento y fenómenos costeros desde las 22.00 horas del martes 3 de febrero hasta las 16.00 del miércoles 4.
Las rachas podrían alcanzar los 90 km/h, un escenario que, con el suelo empapado y los árboles fatigados tras semanas de castigo, obliga a extremar la prudencia.
Los técnicos lo explican claro: llueve sobre mojado, literalmente. El terreno ya no absorbe más, las raíces están debilitadas y cualquier golpe de viento puede hacer estragos.
Medidas de protección: Ceuta se blinda
El miércoles estarán en vigor las siguientes restricciones y recomendaciones:
- Cierre y señalización de parques y jardines arbolados.
- Suspensión de actividades deportivas al aire libre o en carpas.
- Suspensión de actividades recreativas y socioculturales en exteriores o cerramientos no fijos.
- Cierre de accesos a playas y prohibición de pesca deportiva en el litoral.
- Suspensión de la actividad educativa y deportiva que afecte a menores al aire libre.
- Cancelación de actividades lúdicas y culturales al aire libre.
- Suspensión de actividades deportivas para adultos en exteriores o carpas.
- Suspensión de trabajos en zonas rurales y forestales.
Además, se recomienda evitar cualquier desplazamiento que no sea imprescindible para no exponerse al viento.
Un invierno que pide paciencia
La sensación en la ciudad es la de estar viviendo un invierno en bucle, con un cielo que no termina de abrir y un viento que no da tregua. Pero esta vez, más que una crónica clásica del tiempo, lo que queda es una invitación a la calma: toca esperar, proteger lo que se pueda y dejar que Leonardo pase sin más sobresaltos.