La madrugada ha vuelto a poner a prueba a los guardias civiles que vigilan la frontera y el mar de Ceuta. Con un temporal que no da tregua, olas que golpean con fuerza y un terreno que se convierte en una trampa en cuanto cae la noche, los agentes del Servicio Marítimo y las patrullas del perímetro han tenido que multiplicarse para frenar varios intentos de entrada irregular, tanto por mar como por tierra.
En uno de esos episodios, la situación se complicó más de lo habitual. Un inmigrante de origen subsahariano logró superar el doble vallado y, en plena carrera por internarse en la ciudad, arrolló a un guardia civil que trataba de interceptarlo. El golpe lo lanzó a una zona abrupta, difícil incluso para quienes conocen cada piedra del perímetro. El agente terminó con varias lesiones y tuvo que ser trasladado a una clínica de la ciudad.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha salido a reconocer públicamente el trabajo de los compañeros que, una vez más, han tenido que actuar en condiciones extremas. Recuerdan que estos episodios no son excepciones, sino parte del día a día de quienes vigilan una de las fronteras más sensibles de Europa. Y lo hacen —insisten— sin los medios necesarios y sin el reconocimiento de profesión de riesgo.
El mensaje de la asociación vuelve a poner el foco en una reivindicación que lleva años sobre la mesa: más personal, más recursos y medidas reales que reduzcan el peligro al que se enfrentan los agentes. “No es admisible”, señalan, que la falta de medios siga traduciéndose en lesiones y situaciones límite.
AUGC ha deseado una pronta recuperación al guardia civil herido y asegura que continuará denunciando cualquier circunstancia que ponga en riesgo la seguridad y la salud de los profesionales que trabajan en la frontera. Una frontera que, con temporal o sin él, no da respiro.

