Frontera

Los datos que revelan la falta de un sustento diario tras el fin del porteo

Porteadoras marroquíes al otro lado que no pueden pagar agua, luz y gastos médicos

Porteo
photo_camera El cierre fronterizo hizo mucho daño también a las mujeres porteadoras marroquíes (C.A./ARCHIVO)

La Agencia nacional de noticias MAP de Marruecos informa que el 53% de las mujeres que se dedicaron al porteo se lamentan del cierre fronterizo porque son expulsadas de sus viviendas al no poder pagar luz y agua, además de los gastos médicos. 

Es de las pocas veces o quizá la única en que la Agencia Nacional marroquí de noticias MAP informa sobre la situación de las mujeres porteadoras que se ganaban el sustento a través de la frontera con Ceuta.  

En el artículo se habla del futuro incierto que les espera a estas mujeres "de sueños traicionados y esperanzas desperdiciadas a ambos lados de la frontera de Ceuta". 

La Agencia informa que en un video documental producido por Free Lady Association, publicado antes de la presentación de los resúmenes de su informe regional anual sobre la violencia contra las mujeres y las niñas en la región de Tánger-Tetuán-Al Hoceima, una mujer de nombre Hanan revela su dolor donde se mezcla "la sensación de vagar por sus recuerdos durante años mientras trabajaba como transportista de mercancías de contrabando desde Ceuta", unos recuerdos que se han convertido en "sombras del pasado" tras el cese definitivo de la actividad del porteo, desde que se cerró el paso en el mes de marzo de 2020 "y sin señales en el horizonte para volver a abrirlo".

Sigue relatando que "perdiendo a su marido y la responsabilidad de criar a dos hijas", Hanan, la viuda de 35 años, "fue sacada a la fuerza de su casa" para ser incorporarse a la dureza del porteo, tanteando los pasos de su abuela que le abrió el camino para trabajar en el contrabando por "un amargo sustento diario". Hanan es una de las pocas miles de mujeres que cruzaban la frontera a diario en busca de una vida "llena de sufrimiento" para sacar adelante a su familia. 

MAP cifra en unas 3.500 mujeres, según el último informe del Parlamento o algo más, según las asociaciones locales. Mujeres de todas las edades dominaban esta actividad en la frontera de Ceuta. Las condiciones de vida que tenían las llevaron a profesionalizar una actividad que atenta contra la dignidad humana. Ahora sufren la incertidumbre después de haber sufrido durante años estando en manos de los grandes comerciantes que aprovechaban sus condiciones sociales para acumular riquezas.

Según el estudio citado, la mayoría de las mujeres que eran porteadoras atraviesan condiciones sociales difíciles y se encuentran en una posición vulnerable, empujadas por la pobreza, la necesidad o el desempleo de los maridos. Centenares de estas mujeres destinaban sus ingresos a mantener a sus familias y a darle una educación a los hijos. El resto tenía como objetivo la construcción de una vivienda familiar. 

El mismo informe señala que el 73% trabajaba en el transporte de mercancías para beneficio de "otras partes" mientras que el 15% se dedicaba al comercio por cuenta propia, mientras que el resto (12%) trabajaba como empleadas domésticas. 

Ahora estas personas instan a las autoridades responsables a crear otras alternativas para quienes vivían del porteo, especialmente las mujeres embarazadas que sufren de fragilidad social, altos índices de pobreza, analfabetismo, desempleo y falta de formación.

MAP menciona a Maryam Al-Zamouri, defensora de derechos humanos y coordinadora de la Comisión Regional de Igualdad e Igualdad de Oportunidades y Enfoque de Género en el Mdiq-Fneideq, quien apostaba por cerrar el cruce a Ceuta y prevenir el contrabando y la carga para estas mujeres, que el comercio fronterizo era una especie de explotación con muchos intermediarios". 

Agregó que "una gran cantidad de mujeres estaban poniendo en peligro su vida a diario, y que bastaba con recordar a diez víctimas de las estampidas ocurridas entre 2009 y 2020". 

Volviendo a Hanan, esta mujer no oculta la magnitud del sufrimiento con transportes de 80 kilos de mercancías por entre 150 y 170 dirhams cada día, "sin hablar de la magnitud del acoso a que fueron sometidas reiteradamente". Posteriormente se elevó la cifra a 300 dirhams tras protestar contra los grandes comerciantes. 

Según otro informe de la Asociación Lady Al-Hurra, el 60% de las mujeres que cruzaban la frontera pensaban que era un "trabajo inadecuado" y el 40% por ciento admitía que era "un trabajo decente porque proporciona la asignación mensual", a pesar de que 93 de ellas declararon que su estado de salud era malo porque padecían alguna enfermedad relacionada con el trabajo.

Estas condiciones llevó "a la misión exploratoria parlamentaria a pedir la humanización del cruce mediante la organización de operaciones de tránsito para garantizar el flujo, proporcionando medios reguladores electrónicos en lugar de la intervención humana para controlar el ritmo de la intervención y proporcionar las condiciones de salud y seguridad más básicas a la espera de soluciones definitivas". 

Cerrada la frontera, la búsqueda de una alternativa al comercio "atípico" como medio de vida se ha convertido en una necesidad urgente para garantizar la estabilidad social en una zona fronteriza donde el número de trabajadores que buscan trabajo son unas 10.000 personas, la mitad de las cuales son mujeres, y donde la economía de la región depende en gran medida del comercio fronterizo.

Según la Free Lady Association, las repercusiones sociales de cerrar el cruce fueron "graves", ya que el 35 por ciento de las mujeres no encontró trabajo alternativo, el 43 por ciento trabajaba en el hogar, el 15 por ciento trabajaba como vendedoras ambulantes, mientras que el 7 por ciento trabajaba como asalariadas con sueldos bajos. Aproximadamente unos 1.500 dirhams al mes. El 53% de las mujeres que se dedicaron al porteo se quejan del alto índice de violencia tras el cese de sus actividades, además de otras repercusiones como la expulsión de las viviendas de alquiler, la imposibilidad de pagar las facturas de agua y luz y los gastos médicos.

Ahora el enfoque más probable es reintegrar a los trabajadores y mujeres que trabajaban en esta "actividad ilegal" en nuevos proyectos que garanticen una vida digna y preserven la dignidad humana.

El establecimiento de una zona franca en las cercanías de Ceuta, explica MAP, fue una de las recomendaciones de importantes organizaciones civiles y defensoras de los derechos humanos

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